¡Hola, preciosas! Aquí vengo con la segunda parte de “¡Mi amigo va a por mi marido!”.
Y, la verdad, es que la situación continúa siendo una puta locura. Os hago un resumen. Mi marido sufre acoso por un tipo que tiene un local en la misma galería comercial que nosotros. En el pasado fue nuestro socio en otro negocio que cerramos y fue un gran amigo nuestro,o eso creíamos. Añadir que, recientemente, nos hemos enterado de que nos ha mentido todo este tiempo de forma descarada con su edad. Nos decía tener entre 35 y 40, pero que no le gustaba hablar de su edad. Ha resultado que tiene más de 60, y mi marido tiene 25. Más asco a la suma de todo esto. Bueno, empecemos con las novedades.

Antes de que yo empezara también a trabajar en el local, que no pude ir hasta el comienzo de la fase 1, decidimos marcar los límites con esta persona, dejarle claro que no queríamos nada con él, pero sin dar más detalles porque nos da miedo de lo que sea capaz y, cuando consigamos otro local (que ya estamos manos a la obra), decirle todo. Tapamos todas las cristaleras de nuestro negocio para que no pudiera ver nada, empezamos a tener la puerta siempre cerrada con llave… Y avisamos a la chica, que también volvía a trabajar, de las novedades con este sujeto, incluyendo que tenía prohibido poner un pie dentro del local.
Nada más llegar, la primera mañana nos encontramos la primera sorpresa. Este señor estaba delante de nuestro negocio intentando abrir la puerta y buscando como un loco un hueco en los plásticos que habíamos puesto en las cristaleras para él poder mirar dentro. A partir de ahí todos los demás vecinos empezaron a darse cuenta de lo que pasaba. Después de esto a recurrido a perseguirnos, venir corriendo cada vez que oía que se abría nuestra puerta, cada vez que viene un cliente nuestro él va corriendo a interactuar con él haciéndose pasar por el dueño. Aunque estemos delante no se corta.
No hemos parado de echarlo del negocio, de pedirle que se vaya al suyo. Aclarar que esta persona no tiene autorizado abrir el suyo hasta la fase 2. Ya ha ido la policía y un inspector a avisarle de que lo multarán si sigue yendo, y sigue estando día sí y día también allí esperando por mi pareja. No para de intentar abrir nuestra puerta cada vez que quiere, cada día cambia la forma de tocar para que pensemos que es un cliente y abrirle porque, al tener todo tapado, no tenemos forma de saber quién está llamando.
Los demás comerciantes han venido a decirnos que se han dado cuenta de lo que pasa, y que cada día ven a este tipo más y más enfadado, y más y más desesperado por acercarse a nosotros. La chica que está trabajando con nosotros lo está flipando, porque ve cómo le decimos las cosas y cómo lo echamos una y otra vez y él sigue volviendo como si nada hubiera pasado. ¡Sigue viniendo a cada rato! Es como si, en su cabeza, todo lo que le decimos desaparece. ¡Es cómo hablarle a una pared! Incluso llegó a esperar a que me quedara sola en la tienda para ir a por mí. Mi pareja se fue un segundo y, cuando abrí la puerta para que se fuera el olor a lejía, ¡salió de detrás de una columna y vino corriendo! Empezó a contarme sus movidas y, como yo lo ignoraba y seguía limpiando, va y me suelta que mi pareja le había comprado unos productos buenísimos para desinfectar, que estaba super contento porque mi marido fuera tan detallista con él y, que si no me los había comprado a mí para regalárselos a él, se ofrecía a comprarme unos. Él no contaba con que, esa misma mañana, lo había pillado escuchando una conversación en la que mi pareja hablaba de los productos y que, acto seguido, vi cómo iba corriendo a comprarlos.
Al final, mi marido acabó explotando ayer. Después de una semana entera aguantándolo, huyendo, escondiéndonos hasta para comer, y que ya fuera directamente a intentar ponerme en contra de mi marido con lo del regalo falso, a este tipo no se le ocurre otra cosa que mandarle un mensaje de buenas noches con una foto de una pareja viendo el anochecer, dándose mimos, corazones por todas partes y deseándole buenos sueños. No pudo seguir mordiéndose la lengua y le dijo todo. Que se le metiera ya en la cabeza que él nunca había sido y que nunca será su pareja, que no vuelva a acercarse ni a nosotros, ni al local, ni a nuestros clientes, que parara con las publicaciones y estados que le dedicaba, y un largo etc. ¿El resultado? El móvil sonando toda la noche, más de 50 whatsapps en los que intentaba ponerse de víctima, negaba todo, luego lo admitía y decía que no volvería a pasar, luego hacía como si no le hubiera dicho nada, luego la víctima otra vez… Horrible, daba ya más miedo de lo normal.
Esta mañana nos despertamos con unas capturas de pantalla que nos pasó la chica que trabaja con nosotros. En ellas vemos unas fotos recién publicadas que este hombre se sacó en nuestro viaje seguidas de cosas tipo “Ojalá volver atrás”, “Nunca me rendiré”, “Siempre juntos”, “Momentos inolvidables a tu lado” y corazoncitos por todas partes again. Ahora mismo mi marido solo tiene ganas de arrancarle la cabeza, está con ansiedad, ya no sabemos que más hacer. Y, encima, mañana tocará volver a verle porque estará, como todos los santos días, en la puerta de nuestro negocio con una sonrisa de oreja a oreja.
P.D Para aclarar dudas que se ocasionaron con la anterior historia, fuimos con el de viaje porque se ofreció a hacernos de guía al llegar allí, porque él suele ir todos los años y era nuestra primera vez. Compramos los billetes y reservamos la habitación en la misma agencia y, lo que él hizo a nuestras espaldas, fue cambiar las dos habitaciones a una sola porque estaba todo en una misma reserva.
Y aclarar también que mi marido no ha tenido nada con él. Tengo la suerte de que en nuestra relación todo se habla y todo se sabe, hay confianza al 100%.