Hola a tod@s, mi nombre es Lidia y soy ex-comedora compulsiva y una gorda feliz. Pero no siempre ha sido así.
Quiero compartir con vosotr@s la historia de mi vida, de como superé mi trastorno alimenticio y de como una puede llegar a amarse sin ser perfecta.
De pequeña era una niña muy mona, de estas niñas a las que las vecinas paran a sus madres por la calle para decirles lo bonitas que les han salido. Pero: ¡ah! Por cosas de la vida empiezo a tener unos ataques alérgicos bestiales y comienzo un tratamiento con cortisona. De niña mona pasé a niña gorda y claro; si estás gorda pasas automáticamente a ser fea para el resto de la humanidad. La gente es muy cruel y los comentarios muy desafortunados.
En el colegio empezaron a meterse conmigo por mi físico pero en casa la situación tampoco era buena así que decidí no contar nada y empecé a encerrarme en mi misma y a comer de más porque noté que eso me calmaba. Sufrí acoso escolar durante unos dos años hasta que cambié de centro y nunca nadie lo supo. La comida se convirtió en mi única amiga, en mi único consuelo, no había nadie más para mí ahí y me sentía sola en el significado más profundo de la palabra. Si alguna palabra puede describir como me he sentido toda la vida es eso: sola.
El bulling que sufrí me hizo convertirme en una persona sin autoestima, que no se quería ni respetaba a sí misma y que no sabía relacionarse con los demás así que siempre me apartaba, no hablaba con nadie, no salía… fui la rara del colegio, la rara del instituto… y la gorda, claro.
Pasaron los años y al llegar la adolescencia empecé a preocuparme por mi físico y a querer adelgazar. Después del divorcio de mis padres, mi relación con la comida era ya tan toxica que me fue imposible dejar esos comportamientos de lado y aunque había convivido con ellos toda la vida comencé a darme cuenta de que no era una conducta normal.
Sufría de ansiedad con frecuencia debido a mi personalidad débil y por la situación que había en mi casa y sentía la necesidad de comer. Si no podía darme atracones me daban ataques de ansiedad y me ponía fatal. Así que recuerdo toda mi adolescencia como un periodo en el que intercalaba días de matarme de hambre porque intentaba perder peso y momentos de pérdida de control y darme atracones a escondidas. Intentaba llenar mi vacío emocional con comida.
Se me fue de las manos y comía aun estando llena, comía hasta reventar y comía aún doliéndome la barriga. La comida se convirtió en una adicción y yo me sentía la persona más despreciable del mundo. Odiaba no ser capaz de controlarlo y sentía asco por mí misma, lo que incrementó aún más mis atracones.
Recuerdo ser incapaz de mirarme en un espejo y de sentir total rechazo a mí misma. Llegué a pensar en quitarme la vida.
No fue hasta hace unos dos años que, desesperada, puse en google las palabras que me salvaron la vida: «ayuda, soy adicta a la comida» y apareció ella: vivirparacomer. Gracias a Yolanda puse nombre a lo que tenía, supe que era una enfermedad y que no debía avergonzarme de mi misma y lo más importante: que no estaba sola. Esa noche, a través de Yolanda, encontré otras personas con mi mismo problema y os encontré a vosotras: weloversize.
A partir de ese día mi vida cambió para siempre. Fue un proceso largo y muy duro, curarse de una adicción siempre lo es, pero creo que fue más complicado aún aprender a amarme a mí misma. Empecé dando pequeños pasitos y me caí muchísimas veces pero lo importante es que tuve el coraje de volverme a levantar y volverlo a intentar.
No creo que hayan unos pasos establecidos a seguir, cada persona es diferente y con necesidades diferentes, pero si tengo clara una cosa quer fue vital para la recuperación: quererme y aceptarme como era, con todos mis defectos y mis kilos de más.
Es un pensamiento muy frecuente pensar que cuando una esté delgada todos los males se irán y su vida será maravillosa y os aseguro que conozco muchos casos en los que no ha sido para nada así, por ello, lo primordial antes de ponerse a dieta es arreglar el tema psicológico, el tema emocional. Yo me puse en manos de una psicóloga que me ayudó a tratar la raíz de mi problema y con su ayuda y mucho trabajo emocional de mi parte poco a poco me fui sintiendo mejor. Hasta que un día, ante una situación que antes me provocaba un atracón, me di cuenta de que no necesitaba recurrir a la comida, que era capaz de afrontarla sin recurrir a ella. Y esas situaciones se fueron haciendo cada vez más frecuentes hasta que comprendí que la comida había dejado de manejar mi vida.
Siempre pensaré que esta adicción es una de las más complicadas que hay porque vivimos en una cultura en la que todo se celebra con comida. En mi caso yo no tuve ni apoyo ni comprensión por parte de la mayoría de personas que tenía a mi alrededor porque la gran mayoría de la gente no concibe que esto es una enfermedad y simplemente piensan que eres una zampabollos sin voluntad.
Gracias, y solo gracias a trabajar mi autoestima y llegar a quererme empecé a respetarme a mí misma y a perder peso porque ya no necesitaba recurrir a la comida para llenar ese vacio emocinal. Ya llevo más de 20 kilos perdidos comiendo sano y sin agobios.
Una persona que no haya pasado por algo así no puede comprender la importancia de ponerse un pantalón corto por primera vez en su vida sin sentir vergüenza y asco de sí misma.
Nunca podré bajar la guardia porque es cierto que los momentos de bajón son los más peligrosos a la hora de repetir un comportamiento que ha dominado la mayor parte de tu vida. Pero SE PUEDE salir de un trastorno alimenticio, en mi caso del trastorno por atracón. Y lo más importante, se puede recuperar el amor propio, el respeto por una misma y SE PUEDE SER FELIZ.
Si os sentís como me sentía yo me podéis encontrar en instagram como sra.calcetines. No estáis sol@s.