Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
Mi novio ensucia mi casa cada vez que salgo de la ciudad
Esther
Leo mucho este blog, me parece inspirador para muchas mujeres y así lo es para mí. Debería de existir una sección de “comportamientos tóxicos que tiene mi novio o marido” y de mujeres que no saben qué hacer con ello.
¿Cuánto tardamos hoy en día las mujeres que deseamos una relación seria y comprometida en conseguir un candidato masculino? Uno que merezca la pena. Me refiero, cuando se supera la fase de amor tóxico, amor no disponible emocionalmente, amor lejano, amor que habla otro idioma y con el cual no puedes entenderte, amor narcisista insano pero con mucho sexo etc. Entonces, para las suertudas, llega ese amor imperfecto y mediocre pero que te roba el corazón, además le gusta a tus padres, tiene un trabajo y no consume drogas… y te acabas yendo a vivir con él.
El mío se llama Jesús, tenemos más o menos la misma edad y vivimos juntos desde hace bastante tiempo con resultados bastante decentes. Ambos trabajamos, pero me atrevería a decir que yo más, por lo que lo de “hacer las cosas de casa entre los dos” siempre fue un requisito desde el principio. ¡Yo no me voy a vivir con un hombre que no sepa un básico de cocina, aspirar y pasar la fregona! – lo demás lo hago todo yo. Y si, siguen siendo muchas cosas pero la corresponsabilidad efectiva es un cuento de hadas que nos contamos las mujeres las unas a las otras, para seguir exigiendo que hagan algo en casa ¡y me parece muy necesario!
Jesús me responde en casa, compartimos los gastos, creo que es fiel, limpiamos los sábados, los domingos vamos a casa de nuestras respectivas familias y ¿he mencionado que no consume drogas? – pues un hombre, del cual disfruto la compañía, nos reímos y hasta nos hemos planteado un futuro juntos.
El hándicap de los viajes
En mi historia amorosa he tenido bastantes cafres y otros hombres que si han merecido la pena pero que después de ciertos meses, acababan confesando que mis viajes a solas por trabajo, resultaban un problema. ¡Bendita igualdad!
Entonces yo no podía admitir tal cosa, acabábamos dejando la relación y aprendí a ponerlo como un requisito. Jesús, sorprendentemente entendió muy bien lo de mis viajes y mis ausencias voluntarias de fin de semana (lo hago cada dos o tres meses, para hacer “nada” y pasar tiempo conmigo misma). Pero recientemente he detectado una constante en nuestras discusiones que incluye ambos factores “mi ausencia y la ausencia de limpieza” ¿Cómo puede ser?
La casa se desmorona cuando me voy
Jesús sabe no soy una maníaca de la limpieza, pero que sí disfruto un mínimo de orden y ciertas cosas limpias como son el baño y la cocina. Además, la casa en la que vivimos me tiene que durar muchos años, porque estoy completamente hipotecada, pero esa es otra historia.
Empecé a ser consciente de que, Jesús acepta sin dificultad que me vaya, pero su comportamiento cambia y ¡se pone en huelga! Básicamente, si debo irme el fin de semana, dejo toda la limpieza hecha, la ropa en los armarios y todo organizado ¡no lo voy a dejar a él con toda esa responsabilidad!
Entonces, empecé a darme cuenta de que el lunes cuando llegaba de trabajar, la casa estaba sucia y descuidada. Y esto ha ido empeorando con el tiempo. Si paso el fin de semana en casa, el lunes la casa está fresca como una lechuga pero si me voy y me ausento ¡la casa se desmorona!
El fregadero sucio y repleto de platos, la ropa tirada por la habitación, el baño horrible y cosas que no se atreve a hacer cuando yo si estoy. Sin embargo no le da vergüenza que yo me encuentre el lunes con la casa en ese estado. Entonces, entro en un brote de estrés el lunes a la noche, y me pongo a limpiarla de nuevo, preguntándome si merece la pena ausentarme para “realizar mis sueños profesionales”.
El día que dejó las ventanas abiertas
Los fines de semana que me voy, Jesús tiene descuidos que nunca he visto en él cuando estoy en casa ¿Por qué solo hace las cosas cuando estoy yo, y si me voy se deja absolutamente? Entonces empecé a sentirlo como un castigo por mis ausencias.
Jesús sabe que adoro los ventanales del salón, no sé qué pasó ese día. Me llamaron los vecinos para decirme que los ventanales estaban rebotando los unos con los otros, que llevaban dos días abiertos de par en par, y que algunos cristales ya estaban rotos.
Cuando llegué a casa me desmoroné y empecé a llorar, vi las plantas de la galería totalmente arrasadas por la tormenta, los ventanales abiertos y dos rotos en la parte inferior, el salón estaba empapado de acumulación de lluvia.
Ese día no recogí nada, esperé por Jesús sentada en la cocina, entre bolsas de comida china para llevar. Cuando entró por la puerta se lo pregunté directamente ¿Me castigas cuando me voy destrozando la casa que sabes que adoro? ¿Por qué lo haces?
Jesús me dijo que eso no era verdad, que él en realidad es muy despistado, que no se da cuenta de que cambia su comportamiento cuando yo no estoy. Es como si no quisiera ver las evidencias.
No es cómoda esta situación, porque mi novio se ha ofrecido a arreglar las ventanas y pagarlas él, también ha limpiado el desperfecto de las plantas y ha hecho otros esfuerzos. Pero yo, desde la distancia, sobre todo en mis ausencias de fines de semana puedo sentirme “no segura” por primera vez en mi vida. Siento “ansiedad” de estar separada de mi hogar, y pienso tanto en todo lo que tengo por hacer allí, que he dejado de disfrutar como lo hacía antes cuando estoy conmigo misma.
Gracias por leerme.
