Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
Cuando era adolescente era la persona más inocente del mundo. Creía de verdad que mi primera pareja solo tenía ojos para mí, y que me quería tanto como decía. Me sentía muy querida y deseada y jamás me planteé ni un solo instante que podía serme infiel. Y lo fue. Lo fue en reiteradas ocasiones porque siempre lo perdoné. También tuve otra pareja que acabó llevando una doble vida. ¿Las otras dos parejas que tuve después fueron infieles? Seguramente no, pero yo ya no confiaba en ningún hombre.
Me convertí en una mujer desconfiada y celosa, e incluso, llegué a tener celos infundados, haciéndoselo pasar mal a mis parejas posteriores. Ahora, me he trabajado, y aunque dentro de mí sigo teniendo la idea de que no pondría la mano en el fuego por nadie, ya no soy celosa, o al menos, no lo hago notar. Confío en mi actual pareja, no puedo decir que lo haga ciegamente, porque sé que nunca se puede poner la mano en el fuego por nadie, pero no voy desconfiando de él ni pienso que estará con otra mujer cuando no está compartiendo el tiempo conmigo.
A pesar de ello, no ha sido la terapia la que me ha ayudado a cambiar. Dos de mis psicólogas decían que una es celosa o desconfiada porque es insegura, porque tiene la autoestima baja u otras características del estilo. La verdad es que nunca he estado de acuerdo con ello y no entiendo por qué tanta gente repite este mantra. Yo no soy desconfiada porque crea que llegará una mujer mejor que yo y mi novio se enamorará de ella y me dejará. Yo he sido celosa porque desconfiaba mucho de los hombres, y no de mí misma. No tenía miedo a perderles, tenía miedo a que me engañaran, a ser leal, a dar todo de mí y que me la jugaran otra vez.
Creo que muchas personas son infieles solo porque necesitan emoción en su rutina, y eso no tiene nada que ver con la persona que tienen al lado, que puede ser maravillosa. No creo que la amante tenga que estar por encima de la pareja, por lo tanto, yo no pensaba que llegaría una persona mejor, yo estoy segura de mí, yo sé que valgo la pena como persona y como pareja, no tiene nada que ver con mi autoestima, ni con mi seguridad, ni con la otra mujer, sino con la poca seguridad que me habían dado los hombres hasta entonces. Es cierto que con el tiempo, mi mentalidad hacia ellos ha cambiado, y sé que así como no todas las mujeres somos iguales, los hombres tampoco lo son.
Ahora, con los años, he aprendido a vivir tranquila, sabiendo que si alguien me engaña, esa persona perderá más que yo, que lo pasaré mal, pero que lo superaré. Mientras, lo que tengo claro es que debo confiar en mi pareja, que el pasado no tiene por qué marcar un presente o un futuro, y que si algún día me es infiel, no seré yo la tonta, que no me habré enterado de nada, será él el egoísta o el que necesita subir su ego estando con varias a la vez. Ahora sé que yo seguiré siendo la misma, y que el problema, en todo caso, lo tendrá él.
