Vengo a acabar con todas esas miradas y comentarios condescendientes de las personas que juzgáis a las que nos hemos operado, como si al habernos puesto tetas, nos hubiéramos restado coeficiente intelectual.
Digo puesto tetas, pero me vale cualquier otra operación estética, aunque creo que operarse el pecho está especialmente asociada con el rechazo social. Genera una especie de superioridad en las demás personas, como un “ay, pobrecita, necesitó operarse”, o como si de repente tuviéramos menos valor porque ya no somos “reales”.
Los motivos por los que una persona se opera estéticamente, son de esa persona y de nadie más. Muchísimas veces van asociados a complejos y traumas, que vienen fundados de personas como las que se ponen a juzgar y a criticar que se hayan operado. Así que invito a estas personas a guardarse sus opiniones y a meterse en sus asuntos.
Y si el motivo es puramente estético, si nos queremos ver mejor porque sí, porque nos lo merecemos, pues es exactamente igual de válido y no necesitamos que nadie nos venga a mirar con cara de sorpresa e inmediatamente después de decepción.
No soy más tonta que tú por haberme operado, soy la misma persona, pero con unas tetas más bonitas.
Tampoco somos personas débiles de mente, que nos hemos dejado ganar por los complejos o los comentarios de las personas, para someter a nuestro cuerpo a una amputación (eso me han llegado a decir) solo para agradar a los demás.
Que os quede algo claro, las personas que nos operamos, no nos operamos para gustar a los demás. Es más, nuestro entorno nos suele intentar convencer de que no lo hagamos. Nos operamos únicamente para gustarnos a nosotras mismas y recuperar autoestima.
A ver, pirados hay en todas partes y alguno habrá que se opera porque su pareja se lo ha dicho, pero no es para nada la mayoría de los casos. Yo os hablo de lo que ocurre generalmente.
Desde que me he puesto pecho, he notado muchísimo el cambio de actitud de mi entorno, sobre todo en mi trabajo. Como si operarme me hubiera hecho de repente menos válida o mis opiniones fueran menos intelectuales. Como si me hubiera vuelto estúpida de repente, vamos.
Y es una concepción tan casposa y tan de cuñado, como pasaba antes con las rubias. Si eras rubia, eras tonta, pero si te teñías de rubia, eras peor.
Las personas que me han conocido ya operada, no me juzgan en absoluto, pero muchas de mi entorno se comportan como si hubieran descubierto, a raíz de mi operación, que soy otra persona y que no merezco el mismo trato que tenía antes.
No lo entiendo. Es molesto y muy triste.
Odio el doble rasero de empujarnos a estar siempre guapas y perfectas, pero luego si te operas eres “una más” o “una cualquiera” que ha caído en las garras del capitalismo y que ya no tiene tanto valor como una mujer natural, que se ha estado cuidando, pero sin recurrir a la cirugía. Porque hay que ser joven siempre, pero que no se note que lo intentas, porque sino ya no vales nada.
Venga hombre.
Por no hablar, de que de repente también despiertas rivalidades absurdas donde antes no había problema. Como si el objetivo de ponerme tetas fuera robar la pareja a todas las mujeres que conocía o que me mirasen todos los hombres de la habitación.
Son tetas, señores. Tetas. No armas, destructoras de familias o indicadores de que tenga una minusvalía. Solo tetas.
Y me tienen que gustar a mí, porque me las he puesto para mí. No para el resto.
Así que, de verdad, dejadnos en paz. Ni queremos ni necesitamos vuestra aprobación, aunque mucha gente se empeñe en que es así.