REPRODUCIMOS TESTIMONIO DE UNA SEGUIDORA ENVIADO A [email protected]
Trabajo en un edificio en el que estamos varias empresas. Hay 3 plantas y en cada una de ellas, hay una empresa diferente.
Lo lógico sería que hubiera una cocina en cada planta, pero no, hay una única cocina, con dos neveras, en la planta baja.
A esa cocina puede acceder todo el mundo, igual que a las neveras o a los utensilios de allí. Que está bien, pero a la vez es un problema cuando traes algo importante, y la gente se lo come.
Algún miserable del edificio, se comió una pequeña tarta que le hice a una compañera. Ella dejaba el trabajo y era su último día. Se la hice con todo el cariño y cuando bajé a la nevera. No estaba.
No sabéis la rabia que me dio, la busqué por todas partes. Hasta me paseé por los comedores y por otras plantas a ver si veía a la persona que la había cogido, pero no hubo suerte.
La tarta iba en una cajita y tenía puesto “Importante, no aplastar. Gracias (3r piso)”. Así que no podía ser un error, alguien con toda la mala fe se la había comido y no había dejado rastro.
Me supo muy mal por mi compañera, no pude darle la despedida que le había preparado y encima, me pasé el día enfadada por el robo a traición. Así que decidí vengarme.
A la que llegué a casa, preparé una tarta exactamente igual, con una pequeña diferencia, le puse un colorante azul en el relleno cremoso. No se la iba a poder dar a ella, pero al menos podría hacer justicia.
Le puse una caja igual y el mismo texto. La dejé en la nevera pensando que quizás el ladrón pensó que la estaba reponiendo y también la cogería. Pero cuando bajé al finalizar el turno, la tarta seguía ahí.
La dejé un día más y al siguiente, había desaparecido.
Pensé que quizás el ladrón tenía fiesta y no la vio hasta el día siguiente, o si no quería levantar sospechas y entonces no la cogió hasta que pasó un día.
Lo que sé seguro, es que la persona o personas que se la comieron, se fueron con la boca y los dientes como pitufos.
Además, es un colorante complicado de sacar, no era un tinte comestible de repostería, así que le llevaría un ratito solucionar las consecuencias de sus actos.
En un momento que tuve de descanso, me paseé por los baños a ver si había restos de que alguien se hubiera intentado limpiar, pero no encontré nada, al menos en los de mujeres.
A día de hoy, sigo sin saber quién se comió la tarta. De hecho, ni si quiera puedo garantizar que la persona que se llevó la primera tarta, sea la misma que se llevó la segunda. Pero en ambos casos fue muy injusto y se merecía un regalito de agradecimiento por su mala leche.
Seguro que esta/s personas, se lo piensa dos veces antes de volver a coger algo que no es suyo.
Me encanta ser el karma.
