El eterno debate que espero resolver algún día. A día de hoy, creía firmemente que cuando empiezas a conocer a un hombre, daba igual si te lo follabas en la primera, en la segunda o en la tercera cita que después, si él estaba interesado en tí, te seguiría hablando.
¿De verdad sirve eso de reprimirse si te apetece hacer algo, para que te siga haciendo caso y no se aplique un «si te he visto no me acuerdo»? Yo creo que no, pero el resto del mundo parece opinar lo contrario. «Hazte la dura, así tendrá mas interés en tí y no pasará», me aconsejan. Pero yo no puedo evitar pensar que si ese tipo no está abierto a comprometerse, si no está buscando tener algo más que sexo, ¿va a servir de algo el no follármelo en la segunda cita? ¿Acaso, así, cambiará por completo su pensamiento y en vez de regalarme su indiferencia, me ofrecerá toda su atención?
Todo esto viene porque estaba conociendo a un chico y en la segunda cita acabé haciéndolo con el. No éramos dos desconocidos que se veían dos veces, ya había coincidido con el varias veces pero no en ‘citas oficiales’. Solemos hablar habitualmente pero hoy no lo hizo en todo el día. Puede que lo haga mañana o pasado. O que no lo haga (aunque en el fondo me resisto a creerlo). Aún así, creo que en las 24 horas que tiene el día podía haber sacado 2 minutos a dedicarme una pregunta, cualquier palabra. A mi me hace sentir un poco mal, pero para él debe de ser insignificante el hecho de follarse a alguien y después pasar. Porque hoy precisamente no era el día para hacerlo.