Os vengo a contar mi historia más en modo desahogo que otra cosa, porque creo que tengo la decisión de dejarle firmemente tomada.
La primera vez que rompimos fue un par de meses antes de la pandemia. Después de muchos años de una relación de mierda y los últimos 6 meses conviviendo, yo ya no podía más con la toxicidad que había, ni con su comportamiento tanto en casa como conmigo. Por no hablar de su adicción a los porros, que llegó un punto en el que estaba 24/7 fumando. Decidí dejarle y mudarme a otro piso.
Me hubiera encantado romper todo el contacto posible con él, pero en ese momento éramos compañeros de trabajo, así que tenía que mantener un mínimo de contacto con él a diario.
Llega la pandemia, nos confinan y nos mandan teletrabajo. Aquí él empieza a exigir/demandar mi atención hacia él fuera del horario laboral, cosa que no estaba dispuesta a permitir, porque ya bastante jodida era la situación, como para aguantar que se pasara de la raya, así que le bloqueé de redes sociales. Y ahí empezó un acoso y derribo por la aplicación que teníamos en el trabajo para estar todos conectados y también por correo electrónico. Se pasó semanas pidiéndome quedar, que tenía que hablar conmigo, que tenía muchas cosas que decirme y yo me negaba y me negaba. Llegó incluso a aparecer por mi casa un día y empezó a tocar al timbre, llegó hasta la puerta de mi piso y empezó a intentar asomarse por una ventana que daba a un patio (vivía en un bajo). Ese día pasé miedo, porque él tenía una copia de las llaves de mi piso (yo no soy de esa ciudad y era la persona de más confianza que tenía allí) y no sabía si se le podía ir la pinza y entrar, así que desde ese día siempre echaba la llave por dentro aunque fuera de día, pero ojo, todo esto según él estaba justificado porque estábamos en pandemia y él estaba neurótico perdido pasándolo fatal sólo y encerrado.
Después de semanas insistiendo él y negándome yo, decidí por hartazgo quedar para hablar. Vino a mi casa y le dije durante horas, punto por punto, todas las cosas que me había hecho durante los años de relación. Él me escuchó atentamente, me pidió perdón por todo de una forma sincera y me contó lo que me tenía que contar. Y yo le creí. Me mostró a una persona que no conocía y me empezó a reenamorar. Estábamos confinados viviendo en el mismo barrio, así que cuando empezaron a dejar movernos por un ratio de 2-3 kms o los que fueran, empezamos a quedar. Yo le puse las cosas muy claras, que en principio nos veríamos como amigos, que yo necesitaba mi tiempo para ver y analizar las cosas y que él tenía mucho que demostrarme, pero nada de eso se respetó. Al poco tiempo me empezó a presionar con el tema del sexo y como una imbécil empecé a ceder en cosas que no aún no eran el momento para mí.
Al cabo de unos meses me salió trabajo en otra ciudad y me fui, necesitaba poner distancia física y emocional de esa ciudad y de esa persona. Seguíamos con muchas medidas de seguridad y él apenas tenía opciones de hacer vida social en ese momento a excepción de su familia, y me buscaba, me buscaba constantemente, me escribía, me llamaba, me pedía ir a verme….
Año y medio después, me vuelve a salir trabajo en su ciudad y me voy para allá, pero decido no convivir con él por cuestiones relacionadas con la vivienda. Decidimos darnos una oportunidad y retomar la relación y al no convivir y vernos puntualmente entre semana o algún día del fin de semana, la cosa iba bastante bien. Hasta que año y medio después recibo la llamada laboral que llevaba esperando dos años. Esa llamada que significaba que empezaba por fin en mi vida una estabilidad laboral que tanto me merecía por fin, pero tenía que volver a mudarme a otra ciudad.
Me voy y empieza el distanciamiento. Empiezo a notar que pasan las semanas y no nos vemos. Que más de una y dos veces teniendo ya planeado ir a verle o él venir a verme, me cambia o cancela los planes porque le ha surgido otra cosa. Que me pasan cosas importante, problemas de salud, problemas que me tienen mal y él no está a la altura de las circunstancias. Hasta que poco a poco ha empezado a tener más vida social, esa vida social que tanto añoraba y que durante todos esos años atrás no tenía, y casualmente, poco a poco, empieza a desaparecer.
Hace poco tuve un problema grave y estuvo días desaparecido, cuando me escribió por fin, ni se acordaba de lo que me había pasado. Llevamos sin poder vernos desde navidad, íbamos a vernos ahora en semana santa, pues hace unos días me suelta la bomba, que le ha pillado el toro con un máster que está haciendo y que no puede venir a verme. No os hacéis una idea de la de veces que me he tenido que comer vacaciones con este mismo cuento. Cuando ha visto mi reacción, ha intentado «arreglar» la situación diciendo que bueno, nos podríamos ver pero la mitad del día él haciendo sus cosas del máster, y mira, no, me niego. Me niego a una vez más comerme esa mierda que ya sé en lo que consiste, porque no es una persona responsable que cumpla con los tiempos, y no voy a caer una vez más en eso. Y lo que más me duele es que no veo que renuncie o haya renunciado a ningún plan estas semanas atrás por el máster, está a tope de aquí para allá con la gente, con la familia, con su ocio, pero de mí si prescinde aún haciendo meses que no nos vemos. Pues hasta aquí he llegado. Ya no me van a utilizar más.
Justo os decía que me ha pasado hace poco algo bastante fuerte. Se me viene encima el peor momento de mi vida en años, una temporada muy dura que no sé cuánto durará pero va a ser chunga. Y si tengo que afrontarlo rompiendo con todo y empezando de cero, así lo haré, pero no voy a permitir que alguien a quien se supone que le importo y que me quiere me falle nunca más.
Perdonad el tocho y gracias por leerme.
