Princesas Disney
Querido diario

Por qué mi hijo sí verá películas de princesas

Hay una nueva corriente flotando en el ambiente, la de desterrar las pelis de princesas Disney y educar tan solo con historias de mujeres reales que no estén tocadas por la vara del patriarcado. Y digo yo ¿por qué es excluyente? Porque me veo perfectamente capaz de contarle a mi hijo (digo “hijo” porque es el caso de mi retoño, pero puede extrapolarse a las hijas) quién fue Jane Goodall y a la vez dejarle creer que Pocahontas acabará con John Smith (bendita inocencia) Porque a mí puedes quitarme el chocolate, pero no me quites una princesa Disney. A mí, que con 21 años visité por primera vez Disneyland París y lloré con el encendido del castillo. A mí que utilicé el día libre que nos daban en Japón en el tour del viaje de Luna de Miel y lo empleé en visitar Disney Tokio. ¡A mí eso no me lo hagas! ¿Por qué?

1. Porque no podemos juzgar el pasado con los ojos del presente.

Blancanieves

Cierto, los enanitos tenían a Blancanieves de señora de la limpieza; y a Aurora (La Bella Durmiente) nadie le pidió su consentimiento para darle un beso. Pero no podemos pretender que en una época en el que el papel de la mujer no era tan activo en la sociedad como ahora esas cosas no se vieran como algo normal. Podemos seguir disfrutando de la historia de fondo y luego hacerles preguntas a los peques sobre cosas que les han extrañado o que ahora no son así.

2. Porque hay poderosas lecciones que siguen estando vigentes.

Bella

Vale, hoy en día nosotras podemos librar numerosas batallas sin necesidad de que ningún príncipe venga a rescatarnos pero, ¿acaso no nos enseñó Bella que la belleza está en el interior? – es que además yo soy muy fan porque a ella le encantaba leer, ¡como a mí que era un poco el bicho raro!-. ¿No fue Alicia la que demostró que solo hay que atreverse a investigar para vivir mil aventuras? ¿Y qué hay de Ariel que desafió el mandato de su propio padre para conseguir su sueño? ¡Pero si hasta Jasmine no quería ser solo una esposa y se posicionaba en contra del matrimonio!

3. Porque enseñan algo que toda nueva generación debería aprender: el valor y nuestro cometido en la vida no entiende de sexo

Mulán

Mulán quiso cuidar de su padre y solo podía hacerlo como hombre. Pero demostró algo muy valioso, que podía hacerlo igual de bien que si hubiera sido un chico, o incluso mejor. Creo fervientemente en educar a mi hijo (varón) en base a esa premisa para que las mujeres de su generación no tengan techo de cristal y contar con material de apoyo como películas para que así lo vea siempre es bienvenido.

4. Porque la familia importa, y mucho

Ohana

No sé si a Lilo se le puede considerar princesa Disney o ya es de la generación moderna. Pero nos enseñó algo que en nuestra casa llevamos grabado a fuego (y en mi caso además tatuado): la familia es lo más importante y nunca estarás solo si la tienes al lado. Y no solo la familia con la que te unen lazos de sangre, sino aquella que vas conociendo en el camino y eres libre de elegir.

Obviamente, si las vemos con ojos de adulto, todas las películas (e historias) tienen puntos oscuros. La obsesión que tenía el clérigo con Esmeralda no era muy sana y en muchos casos las pelis terminan cuando las princesas consiguen a sus príncipes. Es normal que una historia tenga un desarrollo y, que intenten cerrarla con una historia de amor, es de lo más típico; pero no por ello hemos de dejar de lado el universo que las compone. ¿Es Disney el cáncer del feminismo? Pues miren, no. No junten churras con merinas. Yo me niego a que mi hijo no crezca con un universo que le haga imaginar, creer… ¡hasta llorar con el encendido del castillo! (vaya, que pena, tendré que llevarle a Disney…) Educar no tiene por qué ser sólo desde la realidad y, aunque la imaginación puede desarrollarse desde historias reales, yo me niego a obviar todo un mundo de fantasía. Lo mejor es que las princesas Disney están cambiando – es lógico, la sociedad está cambiando y así lo vemos reflejado en Vaiana, Elsa, Tiana, Mérida… – así que démosles una oportunidad.

Compartir:

Login