Vida sana

Las empresas que nos acosan en Instagram: que no os la metan doblada

Queridas amigas loversizers:

Hoy les vengo a hablar de un tema que lleva años revolviéndome el estómago, y últimamente nos están INUNDANDO a publicidad por todos lados, así que creo que ya es hora de alzar la voz al respecto. En primer lugar, es importante aclarar que esta es mi opinión personal (y la de mucha gente), y no me pienso cortar un pelo a la hora de decir lo que opino. Si a alguien le parece mal o cree que estoy equivocada, estupendo, pero considero que este es un tema importante y que está causando muchos problemas a sus consumidores (y la gran mayoría de éstos son mujeres).

Para las que aún no hayan escuchado hablar de estas marcas (porque viven en una cueva sin internet y sin vecinas pesadas que te las venden, PORQUE SI NO, NO LO ENTIENDO) ambas son dos conocidísimas empresas de estas llamadas ‘piramidales’, en las que sus productos llegan al consumidor a través de ‘distribuidores/as oficiales de la marca’ que han querido ganarse unas perrillas trabajando desde casa. Hacen una inversión con su propio dinero, compran los productos a la firma, y luego los venden ellos sacando un beneficio que varía de unas vendedoras a otras, ya que el beneficio que quieren obtener lo deciden ellos como trabajadores por su cuenta. A priori, este concepto puede resultar muy atractivo ya que trabajas desde casa, tú decides cuánto quieres ganar y te lo venden en plan ‘sé tu propio jefe, gana lo que quieras, etc.’ Pero queridas mías, nada es tan bonito como lo pintan.

Para mí, estas empresas son poco menos que SECTAS. Sí, sectas. Si alguna vez tienen oportunidad de acudir a una de sus reuniones ‘motivadoras’, vayan, no tienen desperdicio. Se aprovechan de gente desesperada por tener un empleo y ganar algo de dinero metiéndoles ideas asburdas y sectáreas en la cabeza, y esos trabajadores, a su vez, también intentan metérnoslas a nosotros para que compremos sus productos. Pues queridos, que no les vendan la moto: estas firmas son una estafa, así que mucho cuidado.

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En primer lugar, plantéemonos lo siguiente: ‘¿qué titulación, experiencia o formación tiene la vecina del 5º para venderme una crema de 50 euros (porque sí, encima los productos son carísimos) o unos batidos supuestamente adelgazantes? Que alguien me lo explique. No dudo que dentro de las miles de personas que se apuntan a vender estos productos cada día no haya algunos que sí cuenten con la formación adecuada, pero son los que menos. Y el problema es que esto lo puede vender CUALQUIERA. No requieren absolutamente ningún requisito: si les compras los productos, puedes venderlos como y a quien quieras.

Por otro lado, los precios. En el caso de Mary Pepa (no queremos poner el nombre real, pero uknowhatimean), los precios son flipantes. Desmaquillante de ojos a 20 euros, cremas de 50, 60 e incluso 100 euros… Sí, esos precios los pago en firmas de cualquier perfumería, porque puedo entender que los precios sean elevados por diversos motivos: prestigio de la firma, alquiler de un local/corner/espacio donde vender dichos productos, sueldos para sus empleados, inversión en logística, publicidad, marketing, etc. ¿Qué inversión ha hecho una firma como esta  para justificar los elevados precios de sus productos, cuando éstos se venden en las casas de las distribuidoras o de las consumidoras, que prestan su salón para reunir a 4 amigas y que una vecina les explique las maravillas de dichas cremas? ¿Acaso esa vecina, distribuidora de Mary Pepa, tiene ni pajolera idea de cómo combatir una reacción alérgica de la piel, un acné, una rosácea, o cualquier otra cosa? ¿Acaso estas empresas dan de alta a sus trabajadores en la Seguridad Social y les pagan un sueldo por trabajar para ellos? ¿Acaso no trabajan la mayoría de sus distribuidores EN NEGRO? Porque ese es otro tema del que no veo que nadie se preocupe, pero Hacienda somos todos y ya caerán como moscas todos estos pobres distribuidores que lo único que quieren es un trabajo, ¿estará ahí vuestra querida y motivadora empresa para cubriros las espaldas cuando se descubra el pastel que tenéis montado en el salón de casa? No lo creo.

Este tema me cabrea muchísimo, como pueden comprobar. En el caso de Mary Pepa, me cabrea porque yo sí soy trabajadora de cosmética desde hace más de 10 años, y yo me he tenido que formar para tener la competencia necesaria que se requiere cuando estamos tratando con la piel de otras personas, así que el hecho de que la vecina de mi prima, que ha sido ama de casa -muy dignamente- toda su vida, esté ganando dinero vendiendo esas cremas cuando no sabe ni distinguir entre un sérum y un fluido, pues sí, me cabrea.

Y en el caso de Herba whatever (que estoy segura os acosan por Instagram tanto como a mi, porque acosan a todas las seguidoras de Weloversize al entender que son potenciales clientes, gordas y desesperadas), me cabrea más que ninguna otra cosa. En serio, me preocupa la cantidad de gente que compra esos batidos horribles llenos de químicos e ingredientes de los que no tienen ni puta idea de qué son y se los beben como agua bendita. Batidos además carísimos. Y batidos que te está vendiendo, otra vez, la vecina de tu prima que ni es médico, ni enfermera, ni nutricionista, ni dietista, ni absolutamente nada de eso. Tu prima que dice haber bajado 15 kilos en dos meses gracias a esos batidos, esa es la garantía que necesitan algunas para meterse cualquier cosa en el cuerpo. Hoy Herbawhatever, ayer los comprimidos fantásticos de NaturHouse (que, por cierto, ¿dónde está ahora Naturhouse? Sospechoso, ¿no?) y mañana cualquiera sabe con qué milagroso producto nos vendrán.

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En serio, amigos, que lo que realmente se necesita para adelgazar de forma sana y saludable es una buena preparación psicológica, una buena alimentación, a base de productos naturales, cocinados de forma sana, alimentos de verdad, y adecuado ejercicio físico. Que no dejéis vuestra salud y vuestro cuerpo en manos de gente sin formación y de empresas sectáreas que sólo buscan hacerse ricos a costa de vuestra desesperación. Que tengamos más cabeza, coño, que ya está bien de que nos engañen. Yo desde luego, no me pienso dejar engañar.

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