El pelo rizado ha evolucionado a lo largo de la historia. Al menos, de la historia que yo  conozco. Ha pasado de ser un martirio a poco a poco, fascinar a mucha gente. Nosotras  mismas también hemos evolucionando, aceptando y luciendo este tipo de pelo en lugar de  alisarlo y esconderlo. De hecho, cuanto más volumen, mejor. Modo leona.  

 

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Para salvarnos a muchas llegó el CM. Bueno, a salvarnos y a arruinarnos. Lo primero, porque  nos enseña de verdad a cuidar estos pelazos, que obviamente, tienen necesidades distintas  a otro tipo de pelo. Y lo segundo, porque sin darte cuenta, entras en una vorágine de  productos, técnicas y rutinas que o te vuelves poliglota, o te ingresan en un psiquiátrico. Leave  in, STC, scrunch, praying hands y el típico jandemorenauer les falta.  

Hoy, basado en mi experiencia, os cuento algunos de los cambios imprescindibles para  iniciarte en este método: 

  • Conocer tu pelo. Con los rizos como con una misma, cuánto más te conoces, mejor  te va todo. Y es que nos creemos que la melena es simplemente pelo, y no. Es  increíble lo poderosa que es la información y todo lo que te permite cambiar cuando  tienes la adecuada. Saber si tus rizos están deshechos por exceso o por falta de  hidratación (por ejemplo), lo cambia todo, porque evidentemente, cambia el remedio  que vas a poner y te evitas unas cuantas probatinas hasta que adivinas cuál era el  problema. 
  • El corte. Durante años fui esa niña que lloraba al salir de la peluquería y se lavaba la  cabeza nada más llegar a casa. Me aconsejaban mal y yo me dejaba hacer. Ahora he  descubierto que el corte a capas y el flequillo, SÍ SON PARA NOSOTRAS.  
  • La funda de la almohada. De satén, como Cleopatra. De raso, de seda salvaje o de lo  que te puedas permitir, pero con el meneo de cabeza de una noche entera evita la  fricción y el encrespamiento de una funda de algodón, o peor aún, ¡de franela señora!  Estas las mejores calidad -precio 
  • La toalla para secar el pelo. Ídem. Cambio indescriptible de usar una toalla de rizo a  una toalla o turbante de microfibra. Nada de frotar el pelo para que luego se seque  antes. Que a todos nos falta tiempo para la ardua tarea de secarnos el pelo, y algunos  privilegiados lucen ondas cuando se lo dejan secar al aire, pero algunos caniches  como moi, necesitan un poquito más de mimo. Así es la vida.  Aquí tienes turbantes de secado rápido.
  • La mascarilla y el acondicionador no son lo mismo. No lo son, no, y no me sé tantos  números para contar las manos si las levantamos las que los usábamos  indistintamente. La mascarilla tiene unas instrucciones a las que, lejos de ser difíciles  de comprender, no les hacemos ningún caso. Se aplica de cierta manera, se deja un  tiempo recomendado, no hace falta ni mucho menos aplicarla en cada lavado… El  acondicionador termina un lavado, se aplica con la cabeza casi haciendo el pino, se  estruja bien por los mechones y ¡se aclara con agua fría! El cambio de terminar así tu  lavado es increíble.  
  • La definición. Y para mí, la clave de todo. Y es que he usado mejores productos que  otros, desde luego, pero la principal diferencia la ha marcado el tiempo y empeño que  he dedicado en marcar los rizos antes de secarlos. 

Pero como todo en la vida, ver resultados lleva su tiempo. De ahí lo que los miembros de la  secta llaman ”transición”, ese tiempo en el que te ilusionas una mañana y te quieres rapar la  cabeza a la siguiente. ¡Así que paciencia, ánimo y mucha lectura si lo que quieres es darle  una nueva vida a tus rizos!