Yo también soy TEA y también odio los petardos. Con el añadido de que a mí, encima, casi me llegan a estallar en toda la cara sin comerlo ni beberlo. Por el momento, solo queda insistir y seguir insistiendo, tirar de los canceladores de ruido y, si no te queda otra, pasar corriendo por ahí para aguantar lo menos posible. Lo más gracioso de todo esto es que ellos se ponen a tirarlos, pero luego tienes mil incendios por ahí, y no tienen dos dedos de frente para deducir que no es buena idea, sino que tienen que ser los alcaldes y personal de los ayuntamientos los que saquen normativas y amenazas de multa.