Soy una víctima de todas las cosas malas que a veces pueden ocurrir. Crecí en una familia numerosa siendo la más pequeña y también la olvidada. A la que nadie escuchaba, ni apoyaba, ni recibía cariño. Mis hermanas muy pronto comenzaron a ser madres y yo, que era la que tenía ocho años y era feliz, pasé al olvido. Mi madre era abuela, una gran abuela, y una mierda de madre. Nunca me apoyaba en nada y le daba igual lo que pasara conmigo. Solo le importaba sus nietos y sus dos hijas mayores. Crecí presa del abandono y la falta de cariño, sintiendo celos de niños que no tenían la culpa, y volviéndome cada vez más retraída, insegura… y sola. Sintiéndome sola siempre.
Eso me convirtió en presa de las personas que me maltrataban psicológicamente y físicamente. Compañeros en el colegio e instituto que me insultaban por todo: gorda, rara, sabelotodo, te caes al suelo y lo rompes, come menos que vas a explotar, eres una mierda, eres fea, de cuerpo estás buena por las tetas pero mejor ponte una bolsa en la cabeza, a la salida te vamos a pegar, no vales nada, eres una muerta de hambre, ¿para qué lees tanto? ¿no tienes amigo? normal eres una gorda de mierda, quién va a querer estar contigo… Gente que llegaron a juntarse siendo veinte personas que me persiguieron hasta la puerta de mi casa dándome empujones, gritándome gorda, fracasada de mierda, empollona… sin que nadie hiciera nada: ni mis padres, ni los suyos, ni el director del instituto. Nadie quería sentarse a mi lado, ni hacer nada en educación física conmigo, ni en las excursiones… Estaba sola siempre porque nadie me hablaba. Era una sombra, un cero a la izquierda, alguien sin valor ni importancia. La que se sentaba al final del recreo a leer porque no tenía a nadie más en la vida. La que sufría de insomnio y se refugiaba en la lectura, la escritura y los videojuegos porque nadie la quería en la vida real. Soy a la que le tiraban los libros por la ventana, a la que llamaban piojosa porque sí, o que no se lavaba aunque fuese mentira. Soy esa que era el hazmereír del instituto y a la que le quemaron el pelo el primer día de curso porque pensaron que era divertido. A la que los chicos ignoraban porque estaba gorda, y nadie sale nunca con una gorda.
Soy esa que su primer novio no quería porque «tenía que adelgazar», a la que obligó a ir a un dietista a la fuerza y a la que le puso los cuernos con su mejor amiga porque «estaba más buena». Soy esa que los chicos siempre decían que era guapa de cara, sí, pero GORDA. Que cuando follaba con alguien, venía su amigo a reírse diciendo «¿Te has follado a la gorda? ¿y qué hacías con sus lorzas? jajaja». Soy la que dejaron por gorda, porque su ex era ultradelgada y a mí me sobraban kilos hasta en el toto. Soy la que era simpática, un amor de persona, demasiado buena, noble, una persona de 10… pero a la que dejaban de intentar ligar por los kilos de más, por el culo gordo, las estrías y las rozaduras en el muslo. Era la eterna invisibilizada porque ¿quién querría estar con una gorda?
Ahora soy esa que no se quiere, que tiene miedo, que tiene ansiedad, que no confía en nadie, que espera lo peor de los demás, que piensa que sus kilos de más son una barrera, que los pantalones y los escotes no me quedan tan bien, que quién va a querer quedarse mucho tiempo a mi lado si tengo los entremuslos algo más oscuros de tantas rozaduras, y los brazos gordos, y los dedos rechonchos, y el corazón hecho pedazos de tantas veces que me lo tiraron al suelo para pisotearlo. Me falta confianza en mí misma y ganas de mirarme en el espejo. Soy esa que estás leyendo y que hoy, al igual que ayer o que mañana, seguirá pensando que es una gorda de mierda que no vale nada.