Lo que me pasó el otro día en el parque no sé si fue una escena de humor, de vergüenza ajena o un capitulo de Black mirror.
Estaba con mi hija de 22 meses, que aún va con pañal, y justo le entró la vena y se cagó viva. De esas veces que notas el silencio, la mirada perdida al horizonte y sabes que viene el regalito. Y encima explosivo.
Total la llevo a un lado con un poquito de sombra, saco el cambiador portátil que llevo siempre, el paquete de toallitas y me dispongo a la maniobra habitual. Nada que no hayamos hecho las madres mil veces.
Y de pronto aparece una señora (no una abuela tierna una Karen con todas las letras) y empieza a GRABARME con el móvil.
grabándome mientras limpiaba el culo de mi hija.
Y gritando:
— ¡Esto es una guarrada! ¡Que hay niños comiendo merienda! ¡Qué asco!
Yo ahí, con el pañal en la mano, los pantalones de la niña bajados es que imaginad el plan.
Le pedí por favor que dejara de grabar. Que estaba limpiando a mi hija y que no estaba haciendo nada fuera de lugar. Y la tía erre que erre, que eso era una asquerosidad que me fuera a casa a cambiarla. ¿Denunciable limpiar a tu criatura cuando se caga? ¿Pero en qué sociedad vivimos?
Me fui a casa con el corazón a mil. No sabía si llorar o reventar de rabia. ¿Tan lejos estamos de entender la maternidad real? Lo único que le dije es que como no borrase lo que acababa de grabar iba a llamar a la policía y paró.
