Buenos días/tardes/noches. Siento si este no es el apartado correcto para publicar esto, y también pido disculpas por la longitud del texto y por posibles faltas de ortografía.
Como dice el título, necesito consejo sobre mi primera relación. Agradecería, en la medida de lo posible, que los comentarios no fueran muy agresivos.
Tengo 21 años y nunca antes había estado en una relación (por decisión propia) hasta hace poco más de un mes.
Conocí a mi actual pareja en febrero, pero no hicimos oficial la relación hasta el 28 de marzo. Es un chico muy parecido a mí, cosa que agradezco porque siempre me he considerado una chica un poco rara (no en el sentido adorable, sino rara de verdad). Él siempre fue muy respetuoso, paciente y entendía mi ritmo para avanzar. Ambos queríamos algo serio y a largo plazo, algo que considero difícil de encontrar a nuestra edad (y más donde vivo).
Como él vive a una hora y media de mi casa, yo solía ir a verlo en autobús, ya que tenía un bono y a él justo le había caducado el suyo. Además, en su ciudad —que es la capital— hay más cosas que hacer que en mi pueblo. Nos veíamos una vez a la semana, ya que yo trabajo de cara al público y solo podíamos vernos cuando yo libraba. Todo iba bien: conoció a mis padres, se quedó a dormir y pasó lo que tenía que pasar. Fue una experiencia muy bonita, me sentí cómoda y segura, algo que para mí no es fácil.
Pero después de eso empecé a notar que él ya no ponía el mismo empeño. Tuvimos un par de roces porque yo no me sentía muy apreciada. ¿El motivo? Que él solo quería quedar una vez a la semana. Yo suelo ir a verlo en mi primer día libre, pero también quería verlo en el segundo, porque para los pocos días que podemos coincidir, me parecía lógico aprovecharlos. Cuando le preguntaba si podía ir también al día siguiente, al principio me decía que sí, pero luego por WhatsApp me cancelaba diciendo que estaba muy adolorido (porque solemos caminar mucho y luego esperar sentados un par de horas hasta que salga mi autobús). Al principio no le di importancia, pero se volvió un patrón y me hizo sentir mal. Quedábamos, dábamos una vuelta, nos besábamos un rato y ya está. Empecé a sentir que parecíamos adolescentes.
Cuando se lo comenté, me dijo que lo entendía, pero que era por la distancia. Y yo pensé: “¿Qué distancia? Si es solo una hora y media en autobús”. Para mí distancia es vivir en países o comunidades diferentes, no esto. Se lo expliqué y él fue comprensivo, dijo que intentaría mejorar… pero en mi opinión ha ido a peor.
La semana pasada habíamos quedado en que vendría a mi casa a quedarse a dormir. Yo estaba muy ilusionada, pero lo notaba raro. Tenía esa sensación de que al final cancelaría, aunque él me decía que sí vendría. La sensación era tan fuerte que ni siquiera me molesté en limpiar mi habitación. Y efectivamente, el día que tenía que venir me dijo que le había dado un dolor de barriga muy fuerte y que si mejoraba me avisaría. Pero no mejoró, y no vino. Me molestó porque lo sentí como una excusa: la noche anterior se quedó despierto hasta muy tarde jugando con amigos. No me molesta que juegue, yo también lo hago, pero sentí que simplemente no quería madrugar para venir. Creo que la primera vez que vino a mi casa se sintió incómodo al estar en un lugar ajeno, y lo entiendo, pero habría preferido que me dijera la verdad.
Luego me dijo que podía venir al día siguiente aunque no se quedara, pero yo le respondí que no hacía falta, que si se sentía mal descansara. Admito que lo dije un poco borde porque estaba molesta: me había despertado muy temprano después de salir de trabajar a las 11 de la noche, dormí a las 3 y me levanté a las 7… para nada.
Al rato me preguntó si quería seguir con la relación. Esa pregunta me dolió muchísimo. Hasta ese momento yo me había esforzado mucho para que la relación funcionara, y que me dijera eso ante el primer “tropiezo grande” me afectó. Le expliqué cómo me sentía con este mensaje:
“No estoy enfadada porque te encontraras mal. Simplemente estos días te he sentido más distante y cuando pasó esto me entró la sensación de: ‘seguro que al final no viene’, pero no porque no quiera estar contigo ni porque dude de ti. Sí quiero seguir la relación y sí quiero que funcione. Solo que a veces me cuesta adaptarme porque estoy acostumbrada a expresar y recibir las cosas de otra manera, y cuando me siento insegura me cierro un poco y respondo más seca sin darme cuenta. No quiero que pienses que estoy contigo por obligación o que no quiero verte, porque no es así.”
Mientras escribía eso estaba llorando, porque sentí que todo mi esfuerzo no servía si él me preguntaba algo así. Lo hablamos y lo medio solucionamos (aunque sigo pensando mucho en esas palabras). Al día siguiente vino a verme, pero solo dos horas porque tuvo que volver por una urgencia.
Esta semana no habíamos acordado nada porque él estaba pasando por una situación delicada, pero como me dijo que ya estaba muchisimo mejor porque todo salio bien al final, le pregunté si quería vernos en mis días libres. Su respuesta fue un “tal vez”, y no me gustó. No creo que una relación que recién empieza deba mostrar tan poco interés o tan pocas ganas de poner de su parte. Me hace sentir horrible, aunque él luego diga que me quiere, que se siente bien conmigo y que le gusta estar conmigo. Sus acciones me transmiten lo contrario.
Intento no enfadarme ni dejar que me afecte tanto, pero me duele. Tenía otras expectativas para mi primera relación, y no se están cumpliendo. Sé que no es un cuento de hadas ni espero que lo sea, pero estoy hecha un lío.
Me gustaría recibir diferentes puntos de vista y quizá algún consejo sobre cómo manejar lo que estoy sintiendo ahora mismo.
Muchas gracias por leerme.
