Cuando casi pierdo la vida en un probador por culpa de una faja asesina

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    rkoshka__ on #1203238

    Que la maternidad es algo maravilloso puede ser una afirmación subjetiva, pero que la vida y el cuerpo te cambian radicalmente es un hecho. Yo siempre había sido una chica delgadita con un cuerpo que se suele considerar bastante aceptable dentro de lo que son los cánones de belleza actuales, pero hacía siete meses que había dado a luz a mi hija. El milagro de la vida había obrado algunas transformaciones en mi físico y lo que antes era firmeza y tripita plana, ahora eran un mar de estrías, chichas y pieles colganderas un tanto extrañas. Y lo cierto es que aunque mi intención era ponerle remedio, tarde o temprano, no era algo que me quitara el sueño.

    Sin embargo, mi prima me dijo que se casaba y me vi inmersa en la búsqueda del vestido perfecto. Fue entonces, después de probarme cientos de vestidos y verme más fea que un bizco inflando un globo, me di cuenta de que aquello exigía medidas un poco más drásticas que elegir un color que disimulara la barriga. Había llegado el momento que pensé que nunca llegaría, el momento de comprarme una faja. Y como no estaba yo muy puesta en aquellos temas, me dejé aconsejar por una experta de los abutifarramientos de carnes: mi madre.

    Como si le hubiera pedido que se viniera conmigo al Caribe, así de feliz iba la mujer de mi brazo, camino a la tienda en busca de una faja. Por primera vez en mi vida, entendí a mi chico cuando vamos de compras, porque nada más llegar, yo lo único que quería era terminar cuanto antes. Pero a mi madre le sudó la chominola que yo tuviera cero ganas de estar allí y empezó a pasarme fajas y a empujarme hacia el probador. No sé si es que yo llevaba media tienda para probarme o era el propio estrés de tener a mi madre amenazándome con aplaudirme la cara si no cambiaba de actitud, pero yo veía aquel probador demasiado pequeño.

    De repente me vi haciendo el baile de la chochobrinca en aquel zulo: dando saltos y meneándome sudando como un cerdo intentando embutirme dentro de aquella tortura medieval llamada faja. Era una faja tipo body enana y como era la primera vez en toda mi vida que me probaba una, no se me ocurrió otra cosa que intentar quitármela por arriba, es decir, en lugar de sacármela hacia los pies, me puse a tirar de ella para sacarla por los brazos como si fuera una camiseta. Lo que yo no sabía es que había firmado mi sentencia de muerte con aquel movimiento, porque cuando quise darme cuenta, aquello se había convertido en un atrapadedos versión lorza, en una prueba de El Desafío que ríete tu de la apnea.

     

    Cuando vi que la maldita no iba para adelante ni para atrás y que no era capaz de moverme, le pedí ayuda a mi madre que, cómo no, entró muerta de risa al encontrarme medio en pelotas con los brazos hacia arriba, sudando, con la faja embutida a la altura del pecho tapándome la cara. Empecé a agobiarme muchísimo y mi madre se lio a tirar de la faja hacia arriba, pegándome tirones de pelo sin querer, pero aquello no se movía ni un milímetro. Y ya desesperada, me dio un ataque de risa a mí también, tan grande que de la fuerza se me aflojó algo por dentro y se me escapó un pedo. Y no un pedete no, un pedo cuya onda expansiva puedo alcanzar perfectamente a un señor de Massachusetts.
    Mi madre y yo luchábamos para no mearnos encima de la risa o no morirnos de la vergüenza, porque se hizo hasta el silencio en toda la tienda. Decidimos que teníamos que serenarnos para recuperar fuerzas y, entre las dos, librarme de aquella faja infernal. Quedamos en que ella tiraba de la tela hacia arriba, y yo debía tirar con mi cuerpo hacia abajo, cosa que parecía la mar de sencilla en nuestra cabeza. Sin embargo, era ya tal la desesperación que alguna de las dos se pasó de fuerte y sí, la faja terminó saliendo, yo acabé despatarrada fuera del probador, boca arriba como una cucaracha moribunda en bragas y sujetador, con pinta de haberme peinado con petardos de los tirones de pelo accidentales de mi madre. La dependienta fue a levantarme del suelo mientras me preguntaba si estaba bien y yo ahí, medio en pelotas, rezando por que me tragase la
    tierra.
    A esas alturas a mi madre le faltaba poco para asfixiarse de la risa, sosteniendo la faja mientras a mí ya el tema no me hacía ni pizca de gracia. Me vestí a toda prisa deseando largarme de allí, pensando que, al fin y al cabo, tampoco estaba tan mal con mis lorcitas de nueva mami.

    ¡Espero haberos hecho pasar un buen rato! :)


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    Kalima
    Invitado


    Kalima on #1207043

    Me ha encantado, me ha hecho reír, es genial ver la relación con tu madre, muchas gracias, también hacen falta historias divertidas en el foro para romper el hate que hay últimamente.

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    Girasola
    Invitado


    Girasola on #1207055

    Jajajaja me ha encantado leerte!

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    Sat
    Invitado


    Sat on #1209210

    genial y muy divertido aunque a la prota no le hiciera ni p… gracia :D

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    Mikada
    Invitado


    Mikada on #1209945

    La faja es que se pone nada más parir para que no se queda la tripa colgadera y todo sujeto vuelve a su sitio. Se pone es que desde el primer d8a si quieres recuperar la figura. Ahora siete meses después ya se ha caído todo y nunca te va a quedar bien la tripa

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Respuesta a: Responder #1209945 en Cuando casi pierdo la vida en un probador por culpa de una faja asesina
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