Según un estudio sobre hábitos sexuales, el 31,7% de las personas que han tenido pareja estable reconoce haber sido infiel alguna vez. O sea una de cada tres.
Encima el dato que más me ha reventado la cabeza es que en algunas provincias la cosa se dispara muchísimo. Burgos sale como la provincia más infiel con más de la mitad de la gente reconociendo que ha puesto los cuernos alguna vez. En serio qué está pasando en Burgos? ¿Hay niebla y no se ve el anillo de casado o cómo va esto?
Luego está Cuenca que sale como la más fiel. Y mira, ole por Cuenca. Nunca pensé que diría esto pero igual el verdadero paraíso romántico estaba en Cuenca y no en París.
Pero fuera bromas a mí lo que me preocupa no es el ranking absurdo de a ver quién pone más cuernos que también tiene su gracia para rajar un rato. Lo que me preocupa es lo normalizado que está todo.
Porque luego tú escuchas a la gente hablar y NADIE ha sido infiel. Todo el mundo odia los cuernos, todo el mundo dice “yo eso jamás”, todo el mundo se indigna muchísimo cuando una famosa perdona a su marido o cuando una amiga vuelve con el ex que le hizo la del pulpo.
Pero luego salen los datos y resulta que aquí ha engañado hasta el apuntador.
Y perdonadme pero a mí las cuentas no me salen.O estamos rodeadas de gente que miente más que habla o tenemos una definición de infidelidad que cambia según nos conviene.
Porque también sale que ahora la mayoría cree que encontrar pareja sexual es más fácil que antes y que las apps lo ponen todo a huevo. Y yo lo siento pero esto también influye. Antes para poner los cuernos tenías que currártelo un mínimo. Coincidir, llamar, quedar, mentir con logística. Ahora puedes empezar una doble vida desde el baño mientras tu pareja está viendo MasterChef en el sofá.
Y luego está la parte que nadie quiere decir en voz alta: hay relaciones que están muertas hace años pero siguen juntas por comodidad, hijos, hipoteca, miedo, dependencia o porque separarse es carísimo. Y ahí hay gente que en vez de tener una conversación adulta prefiere buscar fuera lo que no se atreve a romper dentro.
Pero también os digo una cosa: viendo estos datos, igual tenemos que empezar a hablar menos desde el pedestal y más desde la realidad. Porque si una de cada tres personas lo ha hecho, esto ya no va de cuatro golfos sin valores. Va de cómo estamos construyendo las parejas, de qué prometemos, de qué callamos y de cuántas relaciones siguen por inercia aunque estén podridas por dentro.
¿Creéis que somos una sociedad más infiel de lo que admitimos?
¿Perdonaríais unos cuernos puntuales?
¿O para vosotras una infidelidad es cierre definitivo y a otra cosa?
Y otra pregunta más incómoda todavía: si tanta gente ha sido infiel alguna vez… ¿por qué seguimos fingiendo que solo les pasa a las demás?
