Llevo unos cuantos años soltera, he tenido mis ligues más o menos provechosos, podría decirse que estoy soltera por elección, como si el hombre que me aceptaba como amiga intima le sepárase de mi una película transparente que solo se hace patente al cabo de unos meses, en el momento en que decides me quedo o me voy.
No os creáis que he buscado un amor de película de esos que dejan su vida por ti, que cambian por ti, que te demuestran todo el rato su amor con escapadas, bombones licor y tulipanes.
Tengo amigas que han aguantado carros y carretas, que sus parejas han cambiado, han aprendido a apreciarlas, a valorarlas, hasta se han transmutado en el hombre que ellas querían. Tengo amigas que simplemente se han conformado o se enamoran mucho y muchas veces y viven todo mucho. Y todas ellas gustan, gustan mucho.
Yo no gusto. Me dicen que sí, pero no es verdad.
Gusto lo justo.
Estoy cansada de sentirme mal porque no me elijan. Estoy al límite de edad para que socialmente me defenestren. Tengo que desarrollar una personalidad muy potente, con mucho carisma, en el margen de unos años para que así no sientan lástima de mi. ¿Tiene pareja? ¿tiene hijos? No, pero mírala, es una mujer increíble, hecha a sí misma.
Agotador.
Cansada. Soltera y cansada.
Lo que más cuesta es alcanzar la gratitud y bienestar por estar viva, por tener un mundo interior rico, que me permita no aburrirme en mi compañía; por tener un buen trabajo, que me permita hacer un poco lo que me dé la real gana; por tener miles de amigos con los que compartir.
No siento gratitud por todo ello.
Me empujan a querer un hombre en mi vida, unos años, que sean 10 o 12, una relación significativa, y aunque muera sola, por lo menos, no daré pena.
Quiero sentirme bien conmigo porque estoy bien conmigo porque aunque no me elijan yo a mi me elegiría cien veces.
Porque por no tener la suerte de haber aguantado cuando debería, o de haberme encontrado a alguien con quien no me hiciera falta aguantar, me tenga que sentir sin más.
Es injusto.
El mercado laboral te asfixia, y tener que trabajar para poder vivir es exasperante, todos lo sabemos. Es injusto nacer en una clase social baja y no poder usar el ascensor social porque ya no funciona -si es que alguna vez ha funcionado- todos lo sabemos. Igual de injusto es que «el dinero no lo es todo, lo que importa es el amor» cuando es algo tan azaroso, tan voluble, que de tí no dependa, pero que sea imperativo social para que te sientas realizada, satisfecha.
Me aterra cada conversación en la que alguien dice «Marta está triste» y alguien comenta «¿esta mal con Javi?». Me aterra cuando conozco a Manolo y Manolo es simpático y algo atractivo pero ya está y me preguntan «¿hablas con Manolo? ¿chica, por que no quieres quedar más con Manolo?» O peor, cuando Maria conoce a alguien y todo va de puta madre y Sandra te mira porque estás contenta por ella y te dice: «tu serás la próxima, ya verás» Como si tu vida sin Manolo fuera a ser, aunque buena, un poquito peor.
El mayor lastre de la mujer -aunque sé que los hombres sin pareja tampoco se sienten arropados especialmente- es la construcción social entorno a la familia nuclear. Tienes que formar familia: aunque seáis Dolores Manolo y un poto.
Me quiero quitar ya estas cadenas que me aferran a salir de fiesta y a mirar por todas partes a ver si esa noche tengo suerte, a que me presenten a gente y me escrutinen a ver si me gusta, a de vez en cuando, alguna noche tonta hacer swipe buscando el mejor postor.
Estoy hasta el coño. Hasta el mismo coño de que mi deseo se vea truncado con el imperativo social.
Yo deseo personas, cuerpos, unión física y espiritual, pero quizá no cuaja para toda la vida, quizá no va más allá de dos noches. Y no debería pasar nada, nadie debería sentir pena de mí.
Ni yo avergonzarme. Ni deberían tener derecho a mirarme y decir: no tiene a nadie, no ha tenido suerte.
Hasta el coño, de la ansiedad que me hace huir de la idea de solterona hacia los brazos de cualquiera, para darme cuenta que en verdad me da más miedo ese cualquiera que mi soledad. Hasta el coño que sigamos tragándonos la absurda idea de que el amor de pareja es la cúspide de los cuidados, de la vida en general. Hasta el coño de comentar esto con mi círculo, y que me miren y digan: estas frustrada porque no has conocido a nadie que te haya hecho sentir especial.
Y eso es verdad. Dudo mucho que pensara como pienso si Manolo fuera el hombre de mi vida. Si no hubiera tenido que aguantar un Javi poco dado a los gestos de amor, un Santiago que me quisiera de madre y psicóloga, un Martín que me dijera que me quiere tanto como me dice todo lo que tengo que mejorar.
Dudo mucho que si me sintiera encajar, si tuviera una relación larga y medianamente satisfactoria, pensara como pienso.
Aún así es injusto que una se tenga que sentir así, simplemente por no haber tenido suerte.
También es injusto las mujeres que van de empoderadas diciendo que todo esto no es cierto, que soltera se está igual o mejor que con pareja. Quizá sí para las mujeres que han vivido situaciones de violencia, relaciones tóxicas o que ya separadas han sabido alejar la mirada masculina de sí mismas y se han podido sentir libres, y aún así albergo dudas. Solo basta con echarle un ojo a las secciones de este foro para ser muy ilusa y negar que no estamos ávidas de tener amor, y si es posible amor del bueno.
Quizá podríamos empezar a darle el valor que toca a algo tan azaroso como es el amor. Que no nos importe tanto dejar a alguien. Que no nos importe si Juana tiene un novio, o dos o tres, y Sofia no lo tiene. Dejar de alegrarnos mucho si Rocío ha ligado anoche. No darle importancia a hacer un nuevo match. Ni si Celia continua quedando con Juan.
Si todos, emparejadas viudas divorciados solteros y gente no normativa, dejamos de poner el amor en el centro, quizá podremos alegrarnos por estar vivas, por vivir en este mundo, por estar sanas e ir haciendo, ir construyendo como se pueda, con una pareja o con siete o con ninguna, ir haciendo, viviendo, experimentado y conociéndonos. Sin tener miedo de si le gusto o no, si saldrá bien o no, si me fio o no, si le dejo o no, si le hablo o no, si conozco a sus padres o no, si es dependencia o no, si estoy enamorada o no, si soy buena pareja o no. Ser libres. Ante todo libres.
