Siempre pasa lo mismo, hay un par de madres que llevan la voz cantante y las demás, entre ellas yo, no pintamos nada.
Ellas deciden todo, el regalo de la profe, el dinero y ahora por última hasta de lo que va vestido cada niño en el teatro de navidad.
Y la gracia que me hace, es que entre ellas se han cogido los disfraces típicos y fáciles de encontrar y al mío por ejemplo lo han puesto de pelícano, así que ya os imaginaréis para encontrarlo y soy malísima para las manualidades, no sé coser, ni hacer cosas de goma Eva.

En el grupo puse que ya que no lo encontraba lo podía vestir de pollito que también es un ave y lo hay en los chinos, pues saltaron todas como leonas, que cada una tenía que apañarse con lo que le había tocado y que les iba a estropear el teatro por mi capricho, a la que me soltó esto le dije que le cambia el disfraz de su hijo, va de pastor, por el del mío y me dijo que ya el niño estaba ilusionado con ir de pastorcito.
Me dan ganas de no llevar a mi hijo al teatro, pero él está ilusionado y me molesta que estas madres siempre miren por sus intereses y pasen de las demás.