Siempre hemos sido un grupo muy unido. Hemos crecido juntas, hemos compartido nuestras primeras salidas, nuestros dramas amorosos y las noches de fiesta que acababan con desayunos de churros. Pero ahora a los 30 hay algo que está empezando a hacernos sentir una brecha enorme entre nosotras: el dinero. SURPRISEEEEE
La realidad es que no todas ganamos lo mismo ni parecido. Algunas tienen trabajos súper bien pagados, con sueldos que les permiten darse todos los caprichos del mundo: viajes, restaurantes de lujo, ropa de marca, morros de botox y hasta comprarse una casa. Otras en cambio vivimos con el agua al cuello, haciendo malabares cada mes para pagar el alquiler y cruzando los dedos para que no haya gastos imprevistos.
Y claro, esto está empezando a afectar a la amistad.
Por un lado, están las que pueden permitírselo todo, que proponen planes sin pensar demasiado en el dinero:
Viajes de todo incluido
Restaurantes donde un plato cuesta lo que yo gasto en una semana de compra
Regalos de cumpleaños de 100€ como si fueran detallitos
Por otro lado estamos las que tenemos que hacer cuentas hasta para tomar un café fuera. Y aquí viene lo complicado: nadie quiere ser la ‘rancia’ que dice que no a todo, pero tampoco es justo que siempre sean las mismas las que se tienen que adaptar.
Algunas veces me han dicho frases tipo: Vente tía, no te rayes un capricho de vez en cuando no pasa nada, Tú vente, lo importante es estar juntas.
Y aunque sé que lo dicen con buena intención lo que yo pienso es: para ti es un capricho, pero para mí es una factura menos pagada este mes.
He intentado proponer planes más asequibles pero al final muchas veces se terminan imponiendo los planes caros. Y aunque nadie lo dice abiertamente sé que algunas sienten que ir a un bar normal o hacer un plan en casa ‘no es lo mismo’.
No quiero que esto nos aleje, pero me preocupa que poco a poco cada una termine en su “liga” según lo que pueda permitirse. Y es lo que veo que está sucediendo…
