Qué pereza el consumismo. Creo que la Navidad perdió su razón de ser y su esencia hace muchísimo tiempo.
No me gusta regalar ni que me regalen.
Por cierto, sí que hay familiares (los más directos y cercanos) con los que no se puede hablar de tu vida privada ni contarles el más mínimo detalle de nada, porque luego lo utilizarán en tu contra y a conveniencia cuando menos te lo esperes.