Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
No sé si estoy haciendo bien o mal, pero ya está hecho. Tengo una hipoteca, cobro poco y con el sueldo justo me da para ir tirando. Este año me he planteado algo que hace tiempo me parecía impensable: alquilar mi piso en agosto a turistas y largarme con mi hija al pueblo, a casa de mi madre. Así al menos, ingreso un dinero que me da algo de respiro ya que vivimos en una ciudad de mar con turismo en auge.
Sé que mucha gente está en contra de este tipo de alquileres, que encarecen los precios y demás. Y lo entiendo. Pero ¿qué hago yo si no? ¿No alquilo y sigo agobiada? ¿No me permito un mes de descanso por moralismo?
Encima algunas amigas me han soltado que no es sano para la niña cambiar de casa así. Como si no supieran lo que es vivir apurada. Yo lo veo al revés: se va a pasar un mes con su abuela, rodeada de campo, tranquilidad y cariño. Y yo puedo respirar sin estar pendiente del banco. No sé. ¿Está tan mal?
