Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
Mi hija alcanzará la mayoría de edad en unos pocos meses. Ahora mismo ha acabado el bachillerato, se lo ha sacado con buenas notas y a pesar de llevar años sabiendo que quería ir a la universidad y teniendo claro lo que quería estudiar, de repente, ha dicho que se ha hartado, que este año ha sido muy duro y que no quiere estudiar más. La verdad es que la noticia nos ha caído como un jarrón de agua a fría a mi marido y a mí.
Hemos intentado hacerla reflexionar, al principio pensé que sería una decisión tomada en un momento de agobio por los últimos exámenes que había hecho y todo lo que había estudiado, pero dice que lo tiene claro. Ella defiende sus razones diciendo que estudiar no es para todos, que debe haber todo tipo de oficios y que no le importa ganar mejor o peor, que lo importante es ser feliz. Pero ya le digo yo que para ser feliz deberá contar con un mínimo de recursos para subsistir.
Estoy enfadada porque creo que no es consciente de que todo lo que tiene es gracias a que nosotros, sus padres, sí hemos estudiado y tenemos unos trabajos con un sueldo que nos permite vivir bien. Ella cree que todo esto viene de la nada, que trabajando de cualquier cosa podrá vivir igual que ahora. Mi hija sostiene también que ha estudiado bachillerato, que esto ya son estudios que luego le pueden servir para cualquier ámbito laboral. Pero realmente, el bachillerato por sí mismo no son unos estudios enfocados a nada, por lo tanto, le servirán para sacarse una oposición, por ejemplo, pero no para trabajar de un oficio en concreto.
Por otro lado, también dice que tiene claro que no va a sacarse ninguna oposición porque no quiere estudiar más. Le gustaría ser dependienta en una tienda de ropa porque le gusta la ropa y la moda. No puedo negar lo decepcionada que me siento. Sé que no estoy haciendo bien porque llevo unos días que apenas le dirijo la palabra, pero para mí esto ha sido un duro golpe. Habíamos mirado ya universidades, habíamos reflexionado muchas veces sobre su futuro, siento que realmente ella quería estudiar una carrera, no solo porque nosotros se lo habíamos inculcado.
Sé que tener estudios superiores no es para todos, sé que no es necesario para ser feliz, pero puede que por mis convicciones yo siempre he pensado que mi hija iría a la universidad. Entiendo que la gente que no ha ido dice que en este país tenemos titulitis, pero la verdad es que si queremos tener buenos médicos o ingenieros, la gente debe prepararse, no es cuestión de un título. Las estadísticas también nos demuestran que la media de sueldo de las personas con estudios universitarios es mayor que la de personas sin estudios, por mucho que digamos que hay trabajos en los que no se necesita haber estudiado, pero que se cobra muy bien. Claro que existen estos trabajos, pero por norma general, cuantos más estudios tienes, mejor sueldo y calidad de vida puedes tener.
Me cuesta mucho entender que a mi hija le dé igual todo esto, le dé igual trabajar muchas horas por un sueldo mínimo y le dé igual dejar de formarse y vivir experiencias que solo te puede dar la vida universitaria. Creo que esta vida es un impasse entre la adolescencia y la adultez, que es una época que todo el mundo debería haber experimentado.
Es cierto que estoy viendo la vida desde mi perspectiva, también soy consciente de ello. Sin embargo, no puedo dejar de pensar que realmente quiero lo mejor para ella y que creo que lo mejor para ella no es trabajar de dependienta. Mucha gente me tratará de clasista pero he sido dependienta, he sido camarera, he sido cajera, y he sacrificado muchas horas de mi vida por un sueldo que más que vivir me permitía sobrevivir. No quiero esto para mi hija.
Sé que no me quedará otra que aceptarlo, aunque siga albergando la esperanza de que, más pronto que tarde, cambie de opinión y decida estudiar aquello que más le motive.
