Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
Hola bonitas. Normalmente entro aquí para reírme con vuestras anécdotas, pero hoy me toca ponerme ñoña. Como algunas sabréis, vivir con una enfermedad crónica (en mi caso fibromialgia y fatiga crónica) es muy duro. Hay días que soy yo misma y días en los que soy un mueble que duele. Llevo una racha malísima, de no poder ni levantar los brazos para lavarme el pelo. Me siento fea, sucia y una carga para mi marido, aunque él jamás se queja.
Esta mañana tenía que ir a una comida familiar y estaba llorando en la cama porque no tenía fuerzas ni para echarme rímel y me veía la cara fatal. Mi chico ha entrado, me ha traído el desayuno y me ha dicho: ‘Siéntate ahí, que he visto un tutorial’. Chicas… se ha tirado 40 minutos intentando hacerme una trenza de espiga (le ha quedado un poco chuchurría, todo sea dicho, pero le ha puesto un empeño increíble). Luego me ha puesto mi crema hidratante con un masaje súper suave en la cara y me ha puesto un poco de colorete y cacao ‘para que te veas tan guapa como te veo yo’. No es el resultado (que parecía que me había peinado un niño de 5 años jaja), es el acto. Es que un hombre de 40 años se haya tragado vídeos de YouTube para peinar a su mujer enferma y que no se sienta mal. Me ha mirado al espejo y me ha dicho: ‘¿Ves? Preciosa’. Y me lo he creído. Solo quería recordaros que os merecéis a alguien que os peine cuando vosotras no podáis levantar el cepillo. No aceptéis menos. Os quiero y gracias por estar ahí en mis momentos más oscuros.
