Noches chicas, estoy escribiendo esto aquí porque necesitaba desahogarme y era o esto… O ponerme a gritar, y eso igual asusta a mis perros.
Os cuento, hace un año conocí a mi actual pareja. Soy auxiliar en un hospital y, antes de entrar a trabajar siempre me tomo un café en el que bar que hay al lado. Y ahí estaba él, tan trajeado. Tan serio y con tanto sueño que parecía estar a punto de caerse sobre el desayuno.
Empezamos a hablar a las dos o tres semanas de la manera más tonta y de la misma forma intercambiamos teléfonos. Así descubrí que es abogado y que trabaja a diez minutos del hospital. Que odia madrugar, pero que lo prefiere a ir más tarde y salir a las tantas. Y que el café se lo toma sin respirar porque no le gusta pero es lo único que le despierta.
Un día empezó a buscarme al trabajo, yo algunos días hacía lo mismo. Comenzamos a vernos cada vez más, y para que negarlo. Sin darme cuenta me enamoré como una cría.

Y todo iba bien, hasta que me tocó conocer a sus amigos. Ahí, por primera vez en mi vida sentí lo que era sentirse inferior.
Estuvimos tres horas con ellos, y en ese tiempo me hablaron de todas las ex de mi novio cada vez que él se levantaba. De lo divinas que eran. De lo guapas, lo delgadas, del buen trabajo que tenían todas.
Os juro que por primera vez desde que salí del Instituto y asumí que una talla 44 no era ningún delito no me había sentido tan mal.
Sin mencionar que una de ellas parecía especialmente interesada en hacerme saber que él era mucho de estar con una y con otra y luego dejarlas a todas.
Una vez salimos de ahí se lo comenté todo y resulta que esa «amiga» Y él se habían acostado hacia tiempo y que solía reaccionar así cuando les presentaba a alguien. Pero que no le hiciera caso.
La cosa hubiera quedado ahí si no fuera porque una noche que me quedé en su casa ella le llamó y escuché parte de la conversación. Primero porque él estaba hablando a tres pasos de mi y segundo porque soy un poco cotilla.
Resulta que según ella, soy una cazafortunas, que no soy su tipo para nada. Y que si tenía complejo de ayudar muertas de hambre feas de la calle que lo hiciera pero sin meterlas en su casa.
Discutieron, él dejó de hablarle… Y yo desde entonces no puedo evitar sentirme culpable.
Vale que esta mujer es una gilipollas, pero son amigos desde que eran pequeños y todo ha terminado por mi culpa.
Y sinceramente me siento mal. Porque siento que la que falla en esto soy yo. Que de verdad tienen razón todos y me he metido en «su mundo» Cuando otra persona sería mejor para él. Sí, me doy cuenta de que si esto lo contara otra persona le diría que no fuera tonta… Pero no puedo evitar sentirme mala persona por hacerle escoger.