Antes de empezar, os advierto de que esta anécdota tiene un poco de humor negro y quizá a algunas personas no les resulte agradable.
Hace años trabajaba en una Intervención de Armas, una dependencia de la Guardia Civil donde se tramita y controla la adquisición de armas. Para tener determinadas armas, además de otros requisitos, es necesario poseer un armero con ciertas características. En esta oficina a los armeros algunos compañeros los llamaban «caja», sin más.
Pues un día vino un hombre que quería legalizar unas armas heredadas de su padre fallecido. Se le pidió la documentación necesaria (licencia de armas en vigor, testamento o últimas voluntades, etc.), y como el interesado no disponía de documentación de su armero porque hacía ya años que lo había comprado, en esos casos se pedía fotos del mismo.
Pues os transcribo más o menos la conversación que mantuvieron mi compi y este pobre hombre:
Compi: Nada, y a todo eso le acompaña unas fotos de la caja y con eso estaría todo.
Al hombre se le abren los ojos como platos.
Hombre flipando: ¿Fotos de la caja?
Compi: sí, es un trámite sin más. Saca fotos de la caja abierta, la caja cerrada…
Hombre flipando: ¿La caja abierta?
Compi: sí, por dentro, por fuera… Es para ver cómo es la caja.
El hombre empieza a parecer un poco descompuesto. No da crédito. «Cada vez piden cosas más raras en la Administración», parece pensar.
Hombre a punto de hiperventilar: ¿y esto es absolutamente necesario? Es que me parece un poco raro…
Algunos compañeros empiezan a darse cuenta de que se está produciendo una desgraciada (pero hilarante) confusión. Levantan la vista, intentan llamar discretamente la atención del compañero que está atendiendo al pobre ciudadano, pero no lo consiguen.
Compi: bueno, es que nos tenemos que asegurar de que la caja tenga la capacidad suficiente.
Ahora el hombre parece cabreado además de escandalizado. Traga saliva, se suelta un poco el cuello de la camisa, sin saber qué decir. Por fin, uno de los compañeros se levanta, se acerca al compi que atiende al señor y le susurra algo al oído. El compi pone una cara tan flipada como la del hombre al que está atendiendo y, dirigiéndose a él, exclama:

Compi: Perdón, le estoy hablando del armero, caballero, le pido fotos del armero, no de… de…
Alivio total en el rostro del señor, que dice suspirando:
Hombre aliviado: ¡Ay, por Dios, pensaba que me estaba pidiendo fotos del féretro! Me parecía rarísimo, oiga.
Normal, sobre todo porque le pedían fotos muy detalladas: «con la caja abierta, con la caja cerrada, por dentro, por fuera…» ;O
Y por eso, queridas Lovers, debemos hablar siempre con propiedad y con las palabras exactas, jeje!