Cuando mi hija entró en la adolescencia, aparte de los cambios de humor y las situaciones varias asociadas a este cambio vital y hormonal, empezó a fijarse más en los chicos. Ya no eran sus compañeros o sus amigos, había alguno que otro que le hacía tilín y se ponía un poco tontita. Como el resto de sus amigas. No es que consuele el mal de muchos, pero vamos, nada fuera de lo común ni que no nos pasara a nosotras. Aunque yo no recuerdo haberme puesto tan “especialita”. No obstante, no le preguntaré a mi madre, porque fijo que me echa una de sus miradas de cejas levantadas y ojos que me dicen: “¿en serio, hija mía?”
Desde entonces hasta ahora, que está a punto de cumplir los dieciocho, tonteó con un par de chicos hasta llegar al actual. Con este muchacho ya lleva casi un año. El chico ha subido alguna que otra vez a casa, siempre cuando mi marido casualmente estaba trabajando. No es que mi marido sea un ogro ni nada parecido, sólo que él es de la opinión que nuestra hija no debería tener novio mientras se prepara para entrar en la universidad, para que no la distraiga. Y porque no cree que las relaciones adolescentes tengan futuro, así que prefiere no ver. Me dice que es mejor que no lo trate mucho para no encariñarme, por si no funciona. Pero yo prefiero saber y conocer. Así que aquí estamos, haciendo de “suegra” guay.
A ver, no es que me porte de diferente manera a como soy. Eso se lo dije desde el primer día a mi hija. Que si el chico venía a casa yo no me iba a comportar como no soy. MI hija se lo pensó dos veces, porque tiene una madre bastante “troll”, pero al final vino. Y chica. Que a mí el niño me ha caído bien. Demuestra sentido del humor y me aguanta los trolleos como un campeón. Tiene gustos frikis, es muy deportista, muy healthy, y trata súper bien a la niña. No puedo pedir mucho más.
Alguna vez lo he llevado en coche a su casa, cuando ya era tarde, porque prefiero salir a llevarlo que no que se vaya solo por esos mundos de Dios y a saber qué le pasa. Sí, soy una paranoica, pero prefiero eso a no tener la conciencia tranquila. Y sé que alguna vez a mi hija también la ha traído su madre hasta nuestra casa.
Pero ayer mi hija llega con la bomba. Resulta que los padres del muchacho están separados. El padre sí ha rehecho su vida, pero la madre, no. Tuvo un desengaño después del divorcio, y ya no ha tenido ninguna relación más. Y no sé si es que se aburre o qué, pero le ha dicho a mi hija que me quiere conocer. Que podíamos quedar a tomar café e ir de compras, que seguro que nos vamos a hacer amigas.
Y a mí la idea me incomoda. Sólo hago que pensar en los contras y no encuentro pros. Primero, que creo que es demasiado pronto, porque tampoco hace tanto que están juntos y no sabemos si esto va a cuajar por mucho tiempo. Aunque tampoco sé cuánto tiempo tiene que tener una relación para que sea correcto que los “consuegros” se conozcan. (¿Existirá algún baremo para medir esto?)
Segundo, qué necesidad habrá. Yo ya tengo mis amigos para ir a tomar algo y salir por ahí.
Tercero, ¿qué es eso de que vamos a ser amigas? La amistad no se fuerza. ¿Y si me cae como el culo? O peor, ¿si me cae de puta madre y luego ellos terminan? No quedaría bien que ella y yo siguiésemos quedando, ¿no¿ Me gustaría saber qué pensáis, un abrazo grande y gracias por adelantado a las que respondan
