Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
LA EX DE MI MARIDO SE HACE PASAR POR SU HIJA PARA PEDIRLE DINERO Y ÉL NO QUIERE VERLO.
Todos tenemos un pasado, y mi marido también. Estuvo saliendo con una mujer que le engañó vilmente, le mintió todo lo que pudo, y se fue con la hija de ambos a vivir a otro país, sin darles la oportunidad (ni al padre ni a la hija) de conocerse apenas. Fue una historia horrible que mi marido logró superar gracias a su fuerza de voluntad y a su fortaleza como persona. No puedo estar más orgullosa de él.
Esta chica consiguió que él ni siquiera figurara como padre en la partida de nacimiento (por lo visto hay países donde la medicina, sobre todo la privada, puede comprarse a golpe de transferencia bancaria), así que mi marido se negó en rotundo a pasarle pensión por su hija, porque ni siquiera confiaba en que fuera a ir el dinero destinado a la criatura. Había perdido, y con toda la razón del mundo, toda la confianza en ella como persona con dos dedos de frente. Así que mi marido decidió que iría metiendo el importe de la pensión todos los meses en una cuenta, y que cuando su hija cumpliera 18 años, haría por ponerse en contacto con ella y hacerle llegar el dinero, lo mismo si su hija quería tener relación con él o no: ese dinero le pertenecía a ella. Siempre me ha parecido super admirable.
Pues mira por dónde, casualidades de la vida, a falta de unos meses para el 18 cumpleaños de la chavala, va y se pone en contacto con mi marido a través de Facebook. Un perfil, así, salido de la nada, con el nombre y el apellido de su hija (ninguno de los cuáles es el de su verdadero padre, claro) que empieza a hablarle con toda naturalidad y le cuenta, en palabras así como muy maduras, que ha estado preguntándole a su madre acerca del paradero de su padre, y que su madre, entre lágrimas de emoción, le ha explicado que no fue fácil hacerlo antes, que siempre quiso protegerla, pero que ahora que iba a ser mayor de edad ya no podía ponerse en medio de ellos dos.

Cuando vino mi marido, blanco de arriba a abajo, a enseñarme el móvil, yo no tuve ninguna duda de que esa conversación no era con una adolescente que habla por primera vez con su padre, pero fui cautelosa, porque sé lo muchísimo que le supone este tema a mi marido, y no es para menos, claro. A él se le caían las lágrimas, y a mí se me caía el alma al suelo de ver cómo se estaba agarrando, en dos minutos, a la única señal que había tenido de su hija en casi 18 años. Estuvo pegado al móvil durante toda la tarde, absolutamente absorbido por la situación. Incluso cuando ella dejó de escribirle, él seguía con la cara pegada a la pantalla esperando una nueva señal. Al día siguiente volvieron a hablar; ella le mandaba fotos, con sus amigas, recién empezada la universidad, en clases de baile… Cuantas más conversaciones me mostraba, más claro tenía yo que se trataba de la madre y no de la hija, y qué podía querer la madre, después de todo este tiempo de ninguneo y de tortura a mi marido, más que dinero.
Por no entrar de lleno en una discusión con mi marido, pues veía que estaba muy sensible, le sugerí que le propusiera una videollamada. No me parecía ninguna locura, y desde luego que eso no dejaría lugar a dudas de la autenticidad de los mensajes. Le costó, pero se lo propuso, y oh, casualidad, tenía la cámara del móvil rota. Yo insistí. Que la hicieran desde otro móvil, desde un ordenador o una tablet, vamos a ver, que hoy en día se hacen videollamadas hasta del frigorífico, pero mi marido no quiso forzar la cosa por miedo a que se alejara de nuevo. Yo apenas podía contener la rabia, pero solo podía tener paciencia, no quería hacerle yo más daño del que ya le estaba haciendo su ex. Pensé que tarde o temprano le pediría pasta, y, ahí sí, mi marido abriría los ojos.
Pues efectivamente, llegó el momento de pedir el dinero, pero llegó disfrazado. Ella le contaba que había una escuela de ballet donde le habían elegido a ella para cursar un módulo profesional de ballet clásico, pero que había dicho que no porque era muchísimo dinero. Y ¿quién saltó como un loco a ofrecerse a pagar el curso? Exacto. Ella lo rechazó al principio, y se mantuvo en la negativa bastante rato, para hacerlo más creíble, y él insistió hasta la saciedad, que tenía mucho dinero guardado para ella, todo lo que no había podido darle, para qué estaba ese dinero si no era para gastarlo en su sueño. Por fin, aceptó, claro.
Yo, muerta de impotencia, le había aconsejado a mi marido que no le diera ni un duro sin haber hablado por videollamada, pero él estaba ciego y no atendió a ningún razonamiento. Le hizo llegar el dinero, no sé ni por qué vía, porque no quise saber, y no ha vuelto a saber de ella nada de nada hasta hoy. Y estoy segura de que no va a oír noticias hasta la próxima vez que su ex necesite dinero.