Texto enviado por una seguidora a [email protected]
No es que el hombre sea más infiel que la mujer, es que el hombre presume de sus hazañas en voz alta incluso cuando no son tales, sólo por poder fardar delante de un grupo aborregado de hombres. Pero nosotras no tenemos necesidad de presumir, así que nadie tiene porqué enterarse de lo que hacemos, si no queremos. ¿Cierto?
Después de largos estudios de campo llevados a cabo a lo largo de varios años y con diferentes sujetos femeninos, puedo afirmar que he llegado a establecer los tres motivos principales por los que las mujeres podemos llegar a ser infieles. No, no es que lo vayamos a ser siempre, invariablemente, en algún momento de nuestra vida. Sólo es que, si ocurre, seguro que es por una de estas tres razones (o una combinación de ellas, en diferente grado, siendo el desencadenante una de ellas).
Primero de los tres motivos, el más pasional: la venganza.
Tu amiga te cuenta que ha visto a tu maromo comiéndole la boca a otra. O descubres en la guantera del coche una prenda de lencería que no es tuya. O simplemente, volviendo un día de trabajar pronto, sin avisar para darle una sorpresa a tu amorcito, resulta que la sorpresa te la llevas tú, y mayúscula. Abres la puerta de la habitación y te encuentras el espectáculo de verle a él maniatado con unas esposas forradas de terciopelo al cabecero de vuestra cama, con una mordaza puesta y, a la que parece su ex, (parece porque ella lleva puesto un antifaz), vestida completamente de cuero, con tremendo taconazo y fusta en mano.
Bueno, puedes perdonar la infidelidad. Ser una buena samaritana y ejercer el noble arte del perdón. También puedes creer en el lema que nos explica que “Dios dijo hermanos,no primos”, y ponerle de patitas en la calle. O, ya que estamos “católicos”, decantarnos por el famoso “Ojo por ojo y diente por diente” que nos enseña la Biblia, reacción completamente entendible. Sí, puedes llegar a perdonar, pero, ¿te vas a quedar con la espinita de no cobrarte la venganza? Por una vez, qué podría pasar…
Y entonces, llega un buen día, sin prisa pero sin pausa (porque ya se sabe que la venganza es un plato que se sirve frío), que se te cruza un maromo que te cuadra y te dices: “y a ver por qué yo no”. Aunque sea una vez. Aunque sólo yo lo sepa. Pero que pueda quedarme por fin en paz.
Segundo de los motivos que nos pueden llevar a la infidelidad: el aburrimiento. La peor y más mortal enfermedad que se pueda instalar en toda cama matrimonial. Siempre la misma cara, siempre la misma postura, siempre la misma rutina. Ya no hay emoción y los sentimientos parecen dormidos. Apatía sería la palabra dominante. En verano, las vacaciones a la playa; el sábado, el casquete; para el aniversario, la cenita en el mismo restaurante de cada año; de regalo, siempre un bolso o un charm cualquiera para la pulsera Pandora… Ya las mariposas del estómago emigraron a zonas más cálidas. Y si por casualidad notas “algo” en la barriga, no te dejas engañar, seguro que es hambre.
Y llega la cena de Navidad de tu empresa y te sientas al lado del colaborador que ha venido desde Alemania y que, aunque es alemán, es bastante gracioso. Y físicamente, pues se deja ver, ya me entendéis. Y una cosa lleva a la otra, una copa lleva a la otra, y las puñeteras mariposas aparecen de repente, sin avisar. Y sabes de sobra que no es amor, ni ningún sentimiento emotivo. Es pura emoción, verdadera adrenalina, el gusto por lo prohibido. Y entre risa y risa aceptas escaparte hasta una suite del hotel donde estáis celebrando la cena y vuelves a sentir verdadero placer, no porque el alemán sea un empotrador nato, sino porque tu imaginación hace mucha parte del trabajo.
Y vuelves a casa, aún con mariposas en el estómago. Y decides despertar a tu pareja y tener sexo salvaje. Y él no sabe el porqué de tu comportamiento, ni en el fondo quiere saberlo. Sólo aprovecha que esta noche le ha tocado el gordo de la lotería y lo disfruta como hacía tiempo que no lo hacía. Los días posteriores, llevada por una mezcla de sentimientos de culpa y de excitación pecaminosa, te dedicas a tu pareja en cuerpo y alma. Y mientras las mariposas no se vuelvan a ir, sacas el mayor de los provechos de su vuelta. Así hasta que… a veces se quedan y a veces se van, y hay quien vuelve a salir a buscarlas…
Y llegamos al tercer y último motivo de infidelidad. Este es el menos común de todos. Dicen las malas lenguas que es un mito, que en verdad no existe, pero tengo una testimonio que jura y perjura que fue su caso, así que lo tendremos en cuenta, aunque sea por contemplar la excepción. Y es que esta persona asegura que fue infiel porque conoció al amor de su vida.
Ella llevaba tres años en pareja. No había problema visible en la relación. Pero un amigo común de ambos le comentó a ella en la intimidad que su actual pareja no le convenía y que él le presentaría a alguien que sí que estaba hecho para ella. Ella primero se escandalizó, pero se lo acabó tomando a broma.
Tiempo después, en una fiesta, su amigo le presentó a alguien. Y este alguien era encantador. Simpático, buena conversación, de un humor un tanto ácido…
En los días posteriores, las conversaciones se alargaban, las quedadas eran más habituales y un buen día se descubrió diciéndole a su pareja que no podía quedar, aunque en verdad no le apetecía. Y lo cierto es que lo que le apetecía era quedar con su nuevo amigo, ese con el que soñaba a menudo, ese con el se encontraba en calma y a gusto, ese que le entendía y ese que no se le iba de la cabeza.
Ella cae en la tentación y aunque en teoría no está mal con su pareja, sabe que no quiere estar con él. No quiere hacerle daño y no sabe cómo cortar la relación. Pero no quiere engañarse, ha encontrado a su amor y no quiere estar con su actual pareja, no quiere malgastar el tiempo. Después de unas cuantas crisis de ansiedad provocadas por la culpa, consigue cortar su relación. Intenta estar una temporada sola, para aclarar sus ideas pero sus sentimientos son demasiado fuertes y a los pocos días se deja llevar por el torrente de emociones que le provoca su amor y comienza una nueva relación.
¿Que puede volver a repetirse la historia? Bueno, podría ser, pero hasta día de hoy, llevan 20 años juntos y, según ella, no ha vuelto a ser infiel. Ni falta que le hace.
