Escribo esto no porque busque consejo. Si llega, bienvenido sea. Pero principalmente busco desahogarme con alguien. A pesar de que esto no vaya a leerlo nadie. Trigger warning por mención de autolesiones y depresión.
Siempre he sido una chica con autoestima normal, tirando a escasa. En el colegio nunca tuve amigos o amigas per se, sólo un chaval con el que tuve muy buena relación y con el que perdí el contacto una vez pasamos al instituto. Sé que también suena muy cliché, pero la secundaria no fue una etapa sencilla. Conocí a una chica con la que congenié mucho, y durante los dos primeros cursos nos llevamos muy bien. Sin embargo, una vez llegado segundo de la ESO tuve problemas de acoso sexual con un profesor. Fuimos a juicio y lógicamente gané, tenía doce años. Pero, a pesar de haber sido yo la víctima, esta supuesta amiga dejó de hablarme de la noche a la mañana alegando que había arruinado la vida a un buen hombre porque haber querido llamar la atención. No sé lo que se me pasó por la cabeza, pero aquel día fue el primero que me autolesioné.
Durante el resto de la secundaria tampoco pasó mucho más. Iba a clase, aprobaba. Siempre he sido de las “frikis” de clase por sacar buenas notas. Avanzando hasta segundo de Bachillerato, conocí a la que hoy es mi pareja y con el que llevo casi cinco años. Me había cambiado del Bachillerato de ciencias puras al de sociales, así que era la intrusa en aquel curso. Empezar la relación con este chico no fue sencillo, porque todos sus compañeros se pusieron en mi contra porque “había llegado a robarles a su amigo”. Premio a la madurez, desde luego. El caso es que este chico era, y sigue siendo, poco aplicado en clase. Al acabar el curso le quedaron cuatro asignaturas, por lo que era casi seguro que fuera a repetir. Yo, gracias a mi inmadurez e incapacidad de pensar de manera lógica por aquel entonces (y puede que por cosa de baja autoestima) suspendí voluntariamente matemáticas para poder quedarme con él otro curso más y no pasé a la universidad cuando me tocó. Me llevé la reprimenda lógica de mis padres, porque nunca había repetido un curso ni me había quedado ninguna asignatura; les parecía extraño en mí. He de mencionar que la relación con mis padres no era la mejor: mi padre siempre ha estado pluriempleado para poder darme todo lo necesario, pero ello ha provocado que siempre haya estado ausente; mi madre siempre ha sido bastante estricta y posesiva conmigo, así que desde que entré en la adolescencia hemos tenido periodos largos sin hablarnos a causa de discusiones.

El hecho es que, sea como fuere, repetí segundo de bachillerato sólo con matemáticas por estar con este chico que, a mi parecer, era el único que de verdad me comprendía y que me apoyaba en la mierda de vida que había llevado. La relación, desde entonces, ha cambiado muchísimo. Como es lógico en las relaciones largas: conoces a la persona y vas viendo de qué pie cojea y, de paso, vas viendo de qué pie cojeas tú. En mi caso, al comienzo puedo decir que era algo celosa. Él siempre ha tenido amigos, es guapete y no tiene mal cuerpo. Yo, en cambio, siempre he sido el bicho raro sin amigos y rellenita. Estoy orgullosa de decir que he superado los celos iniciales y que ya no siento la misma falta de autoestima en ese aspecto. Así que minipunto para mí.
Bueno, el caso es que al final aprobé las matemáticas de segundo de bachillerato (con un 9 ni más ni menos), me gradué y pasé a la universidad a hacer la carrera de Historia del Arte, de la que me gradúo el próximo mayo de 2022. Parecía que todo había dado un giro de 180º, porque encontré gente con la que congeniaba en la facultad y, con mucho trabajo y esfuerzo, dejé de autolesionarme. Llevo unos tres años sin recaídas.
En todo este tiempo, y antes del confinamiento por la pandemia, mi relación con este chico ha pasado por altibajos. No podemos pasar mucho tiempo juntos porque su familia tiene un restaurante y él trabaja festivos y fines de semana, y durante la semana nos centramos en nuestros estudios, yo en la carrera y él opositando. Sin embargo, desde hace cosa de tres años empecé a trabajar en su restaurante para, además de ganar un dinero extra, pasar más tiempo juntos. Grave, gravísimo error. Nunca se trabaja con la pareja. Y menos si estás sola y rodeada de su familia entera. El hecho es que, durante la mayoría de estos años siempre se me ha tratado bien. Me han ayudado emocionalmente con los problemas que he tenido con mis padres y todo eso. Pero, el pasado mes de julio, el dueño de un bar que está a cinco minutos de mi casa me ofreció pasar la temporada de verano trabajando con él por un sueldo bastante mejor que el que tenía en el restaurante de mi chico. Para que os hagáis una idea, es casi casi el triple de lo que ganaba en el otro sitio. El hecho es que acepté, y entré a trabajar con ellos. El ambiente es millones de veces mejor que el que tengo en el otro local, los clientes son mucho más respetuosos y los compañeros son majísimos. Y siempre está el incentivo de que trabajo a cinco minutos de casa (el otro sitio está a unos 50km) y por un sueldo mejor.
Sin embargo, al aceptar el trabajo en este sitio nuevo, la familia de mi chico me retiró la palabra por completo. A pesar de que he intentado hablar con ellos por WhatsApp lo único que he conseguido es que me dejen en visto. Mi chico dice que no están enfadados, pero lo dudo muchísimo. La comodidad que da una relación larga me hizo iniciar una conversación con él sobre si le parecía normal o no lo que su familia estaba haciendo, porque yo no considero que haya hecho nada malo; he aprovechado una oportunidad buena. Él dice que le da lo mismo y que a mí también debería no importarme, pero siempre que le pregunto por su familia evita el tema o me responde muy cortante. La última vez que los vi fue a finales de julio, el fin de semana que cerraban el local para irse de vacaciones. Fui a ayudar a limpiar todo y a pechar y, sinceramente, esperaba que todo hubieran sido maquinaciones mías, idas de olla típicas de cuando tenía quince años. Pero no fue así. Se comportaron más fríos que un congelador y no me dirigieron la palabra salvo para decirme qué limpiar o a dónde llevar cosas. No me preguntaron ni una vez qué tal había estado en este nuevo restaurante a pesar de que yo les pregunté en varias ocasiones que qué tal habían estado mientras que yo no había ido.
Sé que a lo mejor estoy haciendo una montaña de un grano de arena. Pero la indiferencia absoluta de su familia, a la que en mis peores momentos con mis padres había considerado una verdadera familia y un apoyo principal, unida a la pasividad absoluta de mi chico me han devuelto los pensamientos que tenia en mi adolescencia. Que no pertenezco a ningún lado, que no encajo con nadie y que realmente no soy suficiente para nadie. Incluso he vuelto a tener pensamientos autolesivos, ante los cuales he luchado por no ceder. He hablado de esto con él, y lo único que me ha dicho es que no es para tanto, que una relación es de dos y no incluye a la familia de nadie. Sé que en ese ultimo aspecto tiene razón, pero también me da un poco de rabia que, conociéndome desde hace cinco años, minimice lo que siento y lo que puedo llegar a hacerme de nuevo.
En fin, gracias por haber leído hasta aquí.