Madre mía, la tabarra que di al ayuntamiento para que me cedieran una parcela para hacer un huerto urbano. Cada vez que entraba por la puerta me querían matar por verme otra vez allí. Pero es que me enteré de que Ayuntamiento cedía espacios para cultivar y mi sueño siempre había sido tener un huerto ecológico con el que alimentarme.
Al final por cansina, lo conseguí, y tan contenta que me fui a empezar a plantar las cosas. Lo que nunca imaginé, era lo difícil y trabajoso que es tener un huerto. Me he vuelto esclava de él, tengo que subir hasta allí cada día para cuidarlo, encima con el calorazo que ha hecho este verano, sentía que me desmayaba estando allí para regar y mirar si había cosecha. No sé si es porque aún no he recibido demasiada cosecha de mi huerto, pero la verdad es que me arrepiento un montón de haberlo solicitado. No tengo narices de decirle al Ayuntamiento, que ya no lo quiero, porque apenas hace tres meses que me lo dieron. Pero la realidad es que ya no lo vivo con ilusión porque me mata tener que estar tan pendiente de él.
