Estoy cabreada con mis amigas, porque en una cena de chicas les comenté que me voy a ir dos meses a la otra punta del país para cubrir una plaza que ha salido en un colegio. Es una oportunidad que llevo esperando mucho tiempo y por fin me han llamado. Si renuncio a esa plaza vuelvo al final de la lista, así que lo hablé con mi marido, con mi madre y con mis hijos y lo entendieron.
Cuando vuelva dentro de dos meses, tendré posibilidades de cubrir más plazas y espero que esta vez sean más cerca. En cualquier caso, lo hago para sentirme realizada profesionalmente y para tener un futuro mejor que nos repercuta a todos económicamente.
Mi madre me ha ofrecido su ayuda con los niños y entre ella y mi marido saldrán adelante sin problema.

Cuando se lo conté hace unos días a mis amigas, toda emocionada, me pusieron de vuelta y media por abandonar a mi familia durante dos meses.
Me quedé realmente sorprendida, primero porque no me apoyan y segundo por cómo ven el mundo. Seguramente si fuera él el que tuviera que irse nadie diría nada, pero como soy yo, me tacharon de mala madre y de mala esposa. ¡Yo alucino!
Salí cabreada de la cena y no he podido dormir bien estas noches dándole vueltas a todo lo que me dijeron. Ya no sé si estoy cometiendo un error, porque hasta me metieron miedo de que durante estos dos meses mi marido pudiera encontrar otra persona.