Desde que le dije a mis amistades y a mi familia, que me iba a casar con un chico al que había conocido apenas cuatro meses antes en un viaje, todo el mundo dio por hecho que terminaríamos divorciándonos en menos de un año.
Yo estaba tan enamorada que pensaba que todo el mundo se equivocaba, pero ellos insistieron en que me estaba utilizando para conseguir residencia legal en España. Me intentaron hacer entrar en razón mil veces, pero realmente yo estaba súper enamorada y todo me indicaba que él también. Después de dos años juntos, solicitó la nacionalidad por arraigo y en cuanto se la concedieron decidió dejarme. La verdad es que aún no entiendo cómo podía fingir tan bien durante todo el tiempo que estuvimos juntos. Yo me sentí totalmente amada, incluso hacíamos planes de futuro para crear una familia.
El hecho de que me dejara fue un batacazo, pero lo peor vino hace un mes y medio cuando, tras haber iniciado los trámites de divorcio por Internet, porque era más barato, ni siquiera se presentó a la cita, sino que mandó a una procuradora en su nombre. ¿Se puede ser más rastrero? Desde entonces no he sabido nada de él ni sé dónde vive. Pero con ese último acto ha terminado de hundirme y de humillarme ante mis familiares y amigos.
