Estudiaba yo en bachillerato y durante muchos años me habían hecho bullying mis compañeros, primero por ser gorda y luego también por sacar buenas notas. Siempre he sido súper aplicada en los estudios y he tenido facilidad para memorizar, y además, me gustaba mucho escribir prosa y poesía. Muchos profes intentaban regañar a mis compañeros pero ya sabéis como es esto, si no pueden reírse de ti delante de ellos, al final lo hacen cuando nadie les ve y si abres la boca te fastidian el doble.
Me encantaba escribir y por ello cuando llegaba el día de Sant Jordi, el día del libro vaya, y se celebraba un certamen de literatura en mi instituto, yo me sentía como una niña chica en un parque de atracciones: presentaba 3 o 4 obras, y cada año me llevaba al menos un premio.
Un año llegó una profesora de inglés que se quiso hacer coleguilla de los niñatos de clase, en una intentona para conseguir motivarlos más, y hasta aquí me parece genial, la verdad, si ellos encontraban en esta mujer una razón para sentir interés por la clase, me parece bien. Pero cuando llegó la semana para prepararse para el concurso de literatura todos mis compañeros dijeron que pasaban de presentarse porque total, todos los premios me los llevaba yo. Esta señora en lugar de motivarlos para que escribiesen algo suficientemente bueno, decidió ponerme a mí un límite de obras a presentar.

Sólo podía una obra por modalidad, así sólo optaba a un premio. «Hay que ser solidario y entender que no siempre se gana, tú estás muy acostumbrada y ya tienes muchos premios de años anteriores». Y aunque me sentó muy mal, nunca le dije lo que realmente quise, siempre he sido muy tímida para eso, pero yo nunca exigí (y tampoco me lo habrían concedido), ventaja sobre otros en ejercicios en los que yo no destacaba nada, por ejemplo, de gimnasia, que hice siempre igual que todos, por ejemplo.
A mí educación física se me daba fatal y entendía que cada uno tiene sus áreas en las que destaca más y otras en las que no tanto.
¿Os ha pasado alguna vez algo así? Tengo ya una edad y cuando me acuerdo de aquello me hierve la sangre todavía.