Así, cómo lo veis, No somos unas crías: tenemos entre 42 y 45. Alguna vez nos habíamos ido de puente, pero en plan parejas o con más gente. Hemos estado 8 días en Italia, encontramos una superoferta y acabo de volver: no tengo energía ni ganas de vivir. Os cuento algunas entrañables anécdotas.
En Florencia yo quería ver La Venus de Botticelli y el David de Miguel Ángel. Galeria de los Ufizzi, Palacio de los Medicis… Pues la noche de antes, dos (somos cuatro) se fueron de fiesta loca y luego no quisieron venir, con semejante resaca. Yo flipando lo más grande: estar en Florencia y tener cero interés por ver esas obras de arte. Anda que no hay días para emborracharse y liarla en nuestra ciudad. Me parece de charca total, pero de charca, charca. Aun así, hasta cierto punto puedo respetarlo. Nos fuimos mi otra amiga y yo.
Otra, con 45 años, se quedaba hasta las tantas viendo mierdas en TikTok. Le tuvimos que decir varias veces que bajara el sonido (dormíamos en una habitación de 4, tipo suite). Resultado: incapaz de levantarse a las 9 de la mañana y no hubo un día que llegara pronto al desayuno de cada hotel. La veían entrar a las 9:50, diez minutos antes de cerrar la sala, y los camareros la miraban con odio profundo. De verdad, esas actitudes a nuestra edad me agotan.
Otra, recién separada y con las hormonas disparadas, liga con un tío con pinta rara —parecía un quinqui, en serio en una terraza y se va a dar una vuelta con él. Ok. A las 2 horas nos dice que a cenar, ok, y después que va a dormir con él, vale, ok. Al día siguiente salíamos al sur, tren a las 10. En la estación la esperamos y no aparece: el móvil apagado y fuera de cobertura. Preocupadísimas. Dos nos subimos al tren para ir a Sienna y otra, que es su prima, se quedó por si había que ir a la poli. Llegamos allí y, a las 16 de la tarde, nos escribe que había perdido el cargador. Y para colmo, el tipo había sido un baboso y un desastre. Se pasó el resto del viaje de mala hostia que no habia quien le hablara.
No os quiero aburrir, pero cada día había una. A mí me decían histérica y paranoica por querer seguir los planes, pero vamos… Al final, por no hacerme caso, a una le robaron el bolso (con la documentación) en Nápoles. Me cansé de decir: “Cuidado con el bolso, no lo dejes en la silla, póntelo colgado”. Y tuvimos que ir al consulado porque sin documentación no podía salir. Le hicieron un salvoconducto de urgencia, pero perdimos un día entero de 6.
Pues nada, que de milagro no nos matamos. Que cada una tiene sus cosas, no quiero ir yo de guay, pero mejor no viajar con amigas, o como mucho un finde