No me he atrevido a contárselo ni a mi madre, apenas me despisté unos segundos para ir a coger los pañales y un Body limpio, dejé al niño en el centro de la cama y no sé ni cómo se cayó porque empezó a rodar. Cuando oí el golpe, el corazón se me paró, obviamente mi bebé lloraba gritando y yo no podía parar de llorar.
Me lo llevé corriendo a urgencias, le revisaron y me dijeron que me quedara tranquila que el niño estaba bien. Se lo conté a mi marido en un mar de lágrimas y el pobre trataba de consolarme diciéndome que no era una mala madre pero yo me siento así.
Tengo un cargo de conciencia increíble, sobre todo de pensar lo que podría haber ocurrido, si se hubiera golpeado con una esquina o se hubiera dado un golpe más fuerte en la cabeza.
Por más que intento olvidarlo, llevo días con mucha ansiedad, no quiero ni salir a la calle por miedo a que le ocurra algo y reviso cada tres segundos su cuna si está durmiendo para comprobar que todo va bien. Me paso el día con él en brazos para protegerlo y sé que todo esto va a terminar pasándonos factura.
