Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
Creía que era una tontería ñoña y que eso sólo se sabía cuando apenas te quedaba vida…
Pero ahora sé que no.
Me siento una farsante porque tuve varias relaciones en las que pensaba que estaba enamorada… pero jamás de los jamases sentí ese amor enfermizo por nadie más que por él.
Él es el hombre más importante de mi vida después de mi padre, porque me dió el mejor regalo que alguien me podría dar: nuestra hija.
El mejor título que he podido tener, el de Mamá.
Y no existe nadie en el mundo que pueda superar eso.
Él, el hombre por el que perdí mi salud mental… porque le amé de una forma enfermiza.
Porque dejé de ser yo para convertirme en lo que pensaba que tenía que ser para que me amara…
Podría decir que nunca me amó, pero si miro nuestras fotos, en su mirada veo amor, aunque esa mirada no era para mí sola.
Esa mirada aparecía cuando otras le escribían, esa caída de ojos se me clavaba como un puñal.
Porque él nunca dejó de hablar con otras mujeres, especialmente con una con la que se acostaba de vez en cuando antes de estar conmigo (supuestamente) y decía que eran amigos, pero aquella mirada decía otra cosa.
Decía que era «una amiga».
«Una amiga» con la que al principio decía no haber tenido nada más que amistad, pero con el tiempo fue soltando más cosas, que se liaban de vez en cuando, y al final resulta que habían estado juntos unos meses…
La tenía en su Facebook, ella le comentaba algunas fotos/estados o le ponia «me gusta».
Casualmente él no quería que subiera ninguna foto nuestra a Facebook… y yo no soy tonta.
Decía que no le gustaban las redes sociales pero en el tiempo que fuimos sólo amigos, bien que publicaba cosas…
Qué casualidad que dejaran de gustarle cuando empezamos a salir… una bandera roja como una casa pero le confronté dejándole claro que no nací ayer, y que conmigo tonterías las justas, que yo ya sabía por qué era, porque tenía mucho «ganado» y no quería espantarlo publicando que tenía pareja.
Como se vio acorralado, aceptó que subiera fotos…
Pero de poco sirvió.
Él nunca me amó en el momento en que esas caídas de ojos eran provocadas por otras mujeres.
Nunca me trató bien… siempre me hacía desprecios, se burlaba de mí y si me pedía opinión para elegir algo, elegía lo contrario a lo que yo le decía.
Luego me daba cuatro migajas a las que era adicta para compensar, pero eso no podía evitar que me hundiera en varias depresiones…
Le dejé en dos ocasiones. Recogí mis cosas y me marché con frialdad mientras él lloraba diciendo que «no le hiciera caso a sus tonterías, que era un mierda».
Y yo me agarraba a la más mínima cosa que hacía por mí para no soltar aquellas cadenas que él nunca me puso…
Descubrí que el amor es saber que podrías tener a otros (porque pretendientes tenía) pero elegir cada mañana al mismo.
Yo podía pasarme horas mirando sus ojos verdes… embelesada, sintiéndome afortunada por «tenerle» aunque nunca fue mío, pero yo de eso tardé en darme cuenta.
Para mí era como un semidios, adoraba su forma de hablar, sus silencios, su respiración, sus manos sobre mi piel…
Cuando nos metíamos en la cocina a preparar juntos algo, o cuado quería sorprenderme con sus habilidades culinarias.
Porque habilidoso era, y mucho.
Juntos formamos un hogar y creamos una familia que para él no fue suficiente razón como para dejar de tontear con otras…
Empezó a hacerme desprecios y a reirse de mí publicamente cuando estaba con los suyos, porque con los míos no quería nada.
Yo tenía que ir todos los fines de semana a comer con su familia, pero él jamás comió con la mía en siete años.
Aún así, yo le seguía sin cuestionar ni protestar por miedo a enfadarle y que me mirara de esa forma tan suya, con desprecio y frialdad, para después aplicarme la ley de hielo.
Durante el embarazo de nuestra hija, que fue buscada, por alguna razón que desconozco me trató como basura.
Lo suyo es que roza el sadismo…
No me ayudó en absolutamente nada y tuve cesárea de urgencia por preeclampsia.
Cuando nació nuestra hija, yo parecía madre soltera, porque si quería salir a tomar algo o a dar un paseo con la niña, iba sola o con mis amigas.
Él prefería quedarse en casa viendo la tv antes que ir con nosotras a la playa por primera vez… ni la segunda, ni la tercera.
No podía contar con él para nada que fuera salir de casa a nada que no fuera estar con su familia.
En aquella casa no vivíamos tres… vivía toda su familia porque él sólo decidía lo que ellos le decían, aunque quien viviera allí con él éramos su hija y yo.
No sé si también le decían que era bueno pasarse la vida zorreando con otras públicamente en esas redes sociales que decía odiar…
Llegó un momento en el que borré todas nuestras fotos y le eliminé, porque le dejé durante un año aproximadamente, pero me hundí en una depresión que me hizo volver, porque sentía que no podía vivir sin él, a pesar de haber pasado unos meses con alguien que sí parecía amarme y me daba todo, pero yo no podía darle nada, porque todo era él, el padre de mi hija.
Era como si hubiese agotado todo el amor que había en mí con él, y ya no me quedara ni una pizca para nadie más.
No soportaba imaginarle con otra y olvidándose de mí…
Pero sabía que, de alguna forma retorcida él me quería.
Volver fue lo peor que pude hacer.
Estuve un año entero deprimida con varios tratamientos que no me quitaban las ganas de morirme a cada segundo, porque me sentía una inútil y hasta me parecía normal que él me hiciera desprecios, aunque empezó a comportarse mejor conmigo y me sentí querida, correspondida…
Aún así, mi autoestima dejó de existir…
Cuando al fin vi la luz con uno de esos tratamientos, seguí sin tener el más mínimo amor propio y me abandoné físicamente… total, ya había asumido que a él le daba igual si mi físico era ideal como lo fue, nunca iba a quererme como yo a él, hiciera lo que hiciera…
Engordé una barbaridad ese verano, mientras conocía a otras parejas, padres y madres de niños que iban al cole con mi hija… veía lo unidos que estaban mientras yo intentaba fingir que lo mío con él iba bien y era feliz…
Pero me miraba al espejo y sentía asco de mí misma.
Sabía que todo lo bien que se estaba portando conmigo sólo era un espejismo, y la mierda volvería, qué malo es conocerse.
Y volvió cuando menos creí que volvería.
Sin embargo, tras varias escenitas de desprecio en público, decidí contraatacar y contestarle, montando cierto espectáculo para que todos vieran quién era él en realidad, y quién era yo: alguien que ya no iba a tolerar esas actitudes de mierda.
Pero vivir en guardia, siempre esperando cualquier señal para saltar y enseñarme con él, no era vida.
Comprendí que lo que se había roto cuando le dejé la otra vez, jamás volvería a ser lo que fue …
Porque no merecía la pena vivir así.
Un día me miré al espejo y vi claridad. Me vi enferma y estropeada, no era yo… era la basura en la que él me había convertido.
Aunque la culpa era mía, por haber vuelto a cruzar aquella puerta que siempre daba al mismísimo infierno, aunque yo me empeñara en pensar que otra vida no podía ser.
Y desperté…
No me fui sin hacer ruido.
Hice capturas de pantalla de las zorrerías que se traía con otras por las redes sociales y se las enseñé a su hermana.
La pobre no sabía ni qué decir, se llevó un disgusto muy grande, porque me tenía mucho cariño.
Sabía que ella le llamaría para contarle lo que sabía (le dije que le iba a dejar) y sólo pasaron dos días.
Cuando le vi llegar aquella tarde del trabajo con el rostro descompuesto, no tuve piedad.
Quise que él mismo me dijera lo que le había dicho su hermana, para utilizarlo como introducción.
Le dije de todo, que me había enamorado de alguien que no existía, porque yo no me enamoro de babosos y huele bragas.
Que me avergonzaba de él y que si era por babosos, yo iba sobrada, porque si tenía que quedarme con uno, los tenía mejores que él.
Que mientras él miraba a otras, otros me miraban a mí, y que esperaba que fuera muy feliz con alguna de esas zorritas a las que tanto alababa.
Y él, en lugar de disculparse me atacaba acusándome de que «seguro que me estaba follando a otros» sin prueba alguna, tan desquiciado estaba que incluso decía que no le gustaba ninguna otra mujer a pesar de ponerles likes, corazoncitos y comentarios a otras.
No sé de dónde me vino la fuerza para soltarle semejante retahíla, jamás creí que sería capaz de decirle cosas así, pero es que sentí una fuerza increíble, como una especie de ataque de amor propio que me hizo enseñarme con él como si fuera una cucaracha a la que deseaba pisar, pero no lo hice, porque bastante desgracia tenía ya de ser como es.
Y me fui.
Nuestra hija presenció la discusión y como sabía que no iba a llegar a nada, dejé de discutir.
El silencio imperó aquella tarde- noche, la última que iba a pasar allí porque días antes ya me había alquilado un apartamento.
No pude pegar ojo, abrazada a mi hija aquella noche en su camita, en aquella habitación cuyos muebles habíamos escogido juntos para ella… en el único lugar que sentí que era «mi casa» desde que salí del piso en el que vivía antes de conocerle…
Tuve ayuda, mucha ayuda porque jamás perdí a mis amistades ni a mi red de apoyo.
De repente recuperé mi autoestima… me apunté al gimnasio, volví a cuidar mi piel, mi pelo, renové un poco mi armario y el de mi hija…
Y ahora vivo en un ático, cerca del cielo, en paz.
Ahora sólo vivo por mí, por hacerme fuerte y salir adelante con mi hija, que es lo único que me importa.
Pero dudo mucho que vuelva a enamorarme, ni siquiera a querer conocer a nadie para nada más que tener sexo esporádico cuando la niña esté con su padre.
Algo dentro de mí se ha roto para siempre, y aunque me cuido al 100%, ese vacío no se va.
Le veo muy a menudo, y estamos en contacto permanente por todo lo relacionado con la niña y otras cosas que nos contamos de gente en común y demás.
Y ¿sabéis qué?
Que no me arrepiento de haberle elegido como padre de mi hija.
Por más que el alma se me revuelva y pueda tirarme llorando días enteros, miro hacia atrás y sé que le volvería a escoger … una y mil veces.
