Se que suena absurdo, pero os cuento: Mi marido y el marido de mi mejor amiga trabajan juntos en la misma empresa y casi siempre comparten turno. Suelen ser turnos de 12 o 24 horas normalmente. Por lo que tienen que comer allí. Suelen llevar comida y bebida para todo ese tiempo ya que en su puesto de trabajo no hay cafetería, solo tienen máquinas expendedoras con porquerías como chucherías, patatas y sándwiches rancios. Antes de conocer a mi marido, él solía llamar mucho fuera para que se lo llevaran al curro, sobre todo si le tocaba varios turnos largos y no le daba tiempo. Pero era bastante dinero, así que una vez que empezamos a vivir juntos decidí hacerle la comida para que se la llevara y saliera más barato.
No me malinterpretéis, mi marido es perfectamente capaz y funcional de hacérselo él y sabe cocinar muy bien, pero yo soy creadora de contenidos para una empresa de alimentación asiática, por lo que parte de mi trabajo es crear recetas en casa y hacerlo todo muy «instagrameable».
Así que básicamente el resultado de mi trabajo luego se lo lleva mi marido, porque la comida no se tira. Suele llevar una comida fría que se puede calentar o no dependiendo de si le apetece, de como va de curro ese día o del tiempo, y una que está pensada para calentarse. Siempre lleva un desayuno completo, y varios tentempiés (Se pasa andando muchas horas y es importante que pueda comerlo con una mano según vea) y bebidas. Y claro, lo que le hago no es el simple túper. Lo normal es que lleve cajas Bento (Los túper japoneses) básicamente porque es lo que hago en el curro y a él le encantan. Además lleva zumos recién exprimidos, tés, café, tartas o repostería casera. Y todo puesto con amor y cariño porque además me encanta mimarlo.
Por ejemplo, siempre le suelo meter alguna nota o hacer algún chiste con lo que lleva. Cómo cuando me tocó hacer temática de Hello Kitty y su fiambrera era rosa, y para comer tenía bolas de arroz blancas con bigotes. Imaginaros a un hombre de 50 años con canas y barba, y cuerpo de motorista de casi dos metros, comiendo de su caja bento rosita. Nos estuvimos riendo dos días por ello, pero el dijo que repetiría las veces que hicieran falta.
El problema es que el marido de mi amiga come de la máquina casi siempre. Miento, el problema no es él, es mi amiga. Me ha pedido que yo deje de hacerle la comida a mi marido, o que al menos deje de hacerle esas cosas tan ricas y con tan buena pinta porque ella no sabe hacerlas, y que deje de ponerle tanta comida que no es necesaria. Pensé que era una broma, pero no, incluso tuvimos una discusión. Me dijo que ella apenas sabe cocer macarrones o hacer sándwiches, (es cierto, casi todo lo que comen es precocinado porque ninguno sabe cocinar) y me dijo que tampoco tiene tiempo ni ganas para levantarse a las 6 de la mañana y tirarse horas haciendo la comida. Y claro, parece ser que si ella no puede, yo tampoco. Y si, yo me tiro horas cocinando y decorando, pero lo haría igual se lo llevase él o no, porque es mi trabajo. Eso ya se lo he dicho y lo sabe, pero ella no lo entiende… Dice que si es trabajo, que lo coma yo en casa y que mi marido se haga otra cosa o que coma de la máquina como todos.
Al principio incluso me dio pena y como mi amiga trabaja en un super muchas horas, durante un tiempo le puse más comida a mi marido para que lo compartiera con él, pensando que era buena idea. Pero ella se enfadó muchísimo, dijo que no era cuestión de que yo le hiciera la comida a su marido también. Era cuestión de que no hacía falta que fuera tan exagerada con todo, que menuda necesidad de hacerle smoothies, termos con té, snacks raros ( Snacks japoneses la mayoría, porque me suelen mandar muchas muestras a casa) o de que me enorgullezca de lo que le doy a mi marido. Y que no tengo que sentirme superior solo porque mi marido llevaba «cosas para chinos»
Reconozco que me enfadé, y le dije que yo no tenía la culpa de que ni ella ni su marido supieran cocinar y que nosotros no íbamos a adaptarnos a sus necesidades para que ella se sintiera mejor. Si me lo hubiera dicho de otra manera, quizás hasta le hubiera dado a mi marido sólo los restos y no los túpers que están para foto que son monísimos. Pero ya solo por la forma en la que me increpó, no lo hago, pero además no lo hago porque a mi marido le encantan todo lo que le pongo.
Y a ver, no es que estemos tan enfadadas que no nos hablemos. Hablamos igual y quedamos y eso. Pero es cierto que cuando quedamos con el grupo de amigos, ella siempre está soltando puyas del estilo: Es que si no le da caviar, y le hace cajas Bento Michelín no está tranquila. Ponerle un túper de macarrones con tomate es demasiado de pobres para ella.
Y reconozco que ya me empiezo a cansar. Ya no sé que hacer… Y me parece ridículo las cosas por las que se ha enfadado. No le encuentro sentido.
