Trabajo en una oficina pequeña, somos seis personas y el ambiente siempre había sido tranquilo. Hasta que llegó ella.
Veintitantos, guapísima, siempre maquillada como si fuera a un desfile, con el móvil en la mano y la sonrisa perfecta. En dos meses he visto que no hace nada. Y cuando digo nada, es nada: llega tarde, se pasa media mañana comentando vídeos de tiktok y cuando mete la pata (que es día sí, día también), el jefe se ríe y dice no pasa nada, ya aprenderás.
Yo llevo diez años aquí, he hecho de todo me he comido marrones, fines de semana, incluso vacaciones cortadas a medias. Y me cuesta horrores ver cómo a ella le dan trato de princesa solo porque cae bien o porque intuyo que al jefe le parece atractiva.
Una vez llegué a decirle al jefe: oye, fulanita no ha entregado el informe y entonces nos va a descuadrar todo, y me contestó ya sabes que necesita su tiempo, no la presiones. Si hubiera sido yo me habría caído una bronca que me dejaba temblando.
Y lo peor es que ella lo sabe y juega a ser despistada, habla con vocecita, le pone la mano en el hombro… uffffffffffffff No quiero sonar amargada pero da mucha rabia sentir que en pleno 2025 todavía cuenta más tener buen culo que trabajar bien.
Últimamente llego al curro con una mezcla de enfado y tristeza.
Me he planteado irme pero también me da coraje
