Mi hermano siempre ha sido la alegría de la huerta, esa persona que todo el mundo espera ver entrar por la puerta para animar las reuniones familiares con sus tonterías y sus chistes, con ese don natural para hacer reír a los demás y, sobre todo, para hacerse querer. Sin embargo detrás de esa espontaneidad, se esconde también un chico tímido e inseguro, al que, por desgracia, han manipulado descaradamente a lo largo de su vida. Vaya por delante que no me ciega mi amor de hermana, pero tengo que decir que, si algo le caracteriza, además de ese humor desbordante, es su bondad.
Cuando empezó a salir con mi cuñada y le vimos tan feliz, nos alegramos un montón. Por fin había pasado página y olvidado a su anterior novia, que durante años le había hecho tanto daño con sus continuos desaires e infidelidades. Al principio todo iba genial y, aunque mi cuñada era un poco rara, quisimos pensar que simplemente era una chica tímida, con un carácter un tanto retraído. A pesar de nuestra voluntad de intentar no pensar mal, lo cierto es que pasaron los años y, literalmente, nunca nos hablaba ni quería estar con nosotros o formar parte de las reuniones familiares. No venía a ningún cumpleaños (ni felicitaba a nadie, dicho sea de paso) ni tampoco se pasaba por casa en Navidad o se apuntaba a tomar algo porque según ella «eso eran cosas de familia». Mi hermano, por supuesto, defendía este modo de ver las cosas.
Pero nosotros no entendíamos era forma de pensar y nos dolía cuando mi hermano nos contaba como si nada que habían hecho tal o cual plan con la familia de ella y que incluso, sus suegros les habían invitado a ellos y a sus cuñados a un viaje fuera del país todos juntitos. En ese momento nos dimos cuenta de que no es que mi cuñada no quisiera hacer cosas en familia, sino que no quería hacer cosas con MI familia. Poco a poco, mi hermano empezó a parecerse a ella, a volverse serio con nosotros y con sus amigos, a adoptar algunas costumbres que antes no tenía y una forma de comportarse que era todo lo contrario a lo que él solía ser. De un día para otro pasó de ir de festival en festival a no querer salir, de adorar su trabajo a parecerle poca cosa, de pasar el día de broma a estar todo el día malhumorado y triste. Así que cuando se fueron a vivir juntos y poco después se casaron, supimos que aquello sólo iría a peor.
No sabría decir en qué momento exacto dejó de ser él mismo para convertirse en una persona gris, pero así fue. A mi hermano siempre le había gustado pasar tiempo con su familia, pero de repente dejamos de verle. De vez en cuando los astros se alineaban y por fin venía a hacernos una visita, pero no dejaba de mirar el reloj o de contestar los miles de mensajes con lo que ella le bombardeaba. Era muy triste ver cómo siempre estaba en tensión y tenía prisa, pero aún así lo preferíamos a cuando venía con ella, porque entonces mi hermano era otra persona: un chico apagado, al que ya no le hacían gracia los chistes ni tampoco hacía reír, siempre mirando de reojo a su novia y pendiente de no decir algo “inoportuno”.
Para que entendáis el nivel de transformación al que llegó, os diré que cuando ella quiso perder peso, mi hermano se solidarizó y también se puso a dieta a pesar de que siempre ha sido un chico delgado. La chica se obsesionó con aquella dieta enfermiza en la que apenas comía y mi hermano continuó con ello aunque llegó un punto que rozaba la extrema delgadez. Por suerte, pusieron un poco de freno al asunto, pero aún así, él comía poco y directamente no probaba bocado en mi casa cuando ella estaba delante.
A mí se me llevan los demonios y mis padres sufren mucho viendo cómo su hijo ha cambiado de esta forma. Es como si tuviera que pedirle permiso para todo, como si tanto nosotros como él no estuviésemos a la altura, como si le tuviera miedo. Aunque intento decirme a mi misma que quizá sea cierto que las personas cambian sin más y que puede que él sea feliz de esta forma aunque ya no sea el de antes, en el fondo siempre he sabido que mi cuñada no sólo es una persona excesivamente fría, soberbia y distante con nosotros, sino que también trata con desprecio a mi hermano, al que tiene por un idiota al que manejar a su antojo.
Pese a todo, mi familia y yo no queremos meternos ni hablar del tema con mi hermano, porque se pone a la defensiva y lo último que queremos es perderle o perder el poco contacto que podamos tener con él. Me siento súper culpable, pero algunas veces pienso que lo mejor que le podía pasar a mi hermano es que esta persona le pidiera el divorcio y desapareciera de su vida.
