Acabo de tener una discusión enorme con mi hermana en la que le he terminado diciendo que mejor colguemos y hablemos en otro momento.
Me ha llamado para repartir las fiestas en mi casa, en la suya y en la de mis padres. Ha propuesto que Nochebuena se haga en mi casa y a mí no me parece mal, pero le he dicho que haría algo ligero porque llevo a dieta medio año y no quiero fastidiarla durante las Navidades.
Bueno, pues se ha puesto como una energúmena, porque dice que las Navidades son Navidades, que todo el mundo engorda y que ya retomaré la dieta en enero. Le he dicho que hay un montón de alternativas saludables que harían que yo no empezara ya la primera noche cogiendo kilos y ella histérica, diciendo que tengo que poner algo tradicional como un solomillo Wellington, una pierna de cordero con patatas asadas o un cochinillo, y por supuesto, de postre, todos los bombones y polvorones a los que les tengo acostumbrados.
No quiero empezar las fiestas discutiendo y tampoco quiero fastidiar a nadie por culpa de que yo me esté cuidando, pero tampoco quiero estropear todos los resultados y volver a empezar de cero, porque romper un hábito es fácil pero volver a retomarlo no.
¿Insisto con ella, o preparo dos cenas diferentes, una para mí y una para ellos? Aunque claro, la tentación estaría ahí…
