Mis padres se separaron hace más de diez años y desde entonces mi madre no había vuelto a tener pareja. Mis hermanos y yo la animamos hace más o menos un año para que conociese gente nueva y se abriera un perfil en alguna página de contactos. Al principio, pareció reacia a hacerlo y decía que no la agobiásemos, pero finalmente nos hizo caso y conoció a un señor en una de estas apps.
Mi madre es muy inocente y se ilusionó locamente del primer hombre con quien habló, el cual enseguida, el primer día que quedaron, le dijo que se había enamorado y que sabía que ella era el amor de su vida. Ella nos lo contaba muy feliz, pero mis hermanos y yo pensábamos que le duraría poco porque parecía haberse encontrado al típico señor que sabe encandilar a una mujer con palabras bonitas. Nunca he creído en los amores que surgen de un día para otro, confío más en aquellos que se van construyendo poco a poco.
A pesar de que sus hijos no lo veíamos con buenos ojos porque nos parecía que le regalaba el oído, mi madre cada vez iba quedando más con este hombre y a los dos meses nos dijo que habían pensado en irse a vivir juntos. Como ella tiene su piso en propiedad y él vive de alquiler, habían decidido que él dejara su piso y se mudara a casa de ella. Evidentemente, todo esto nos pareció una locura y así se lo hicimos saber. Ella se enfadó con nosotros, no entendía que quisiéramos que rehiciese su vida y que cuando lo había hecho, empujada por nuestros consejos, no nos gustase la manera en la que lo hacía.
Le intentamos explicar que todo lo que va muy rápido suele acabar muy rápido y que realmente no conocía de nada a este hombre, pero ella nos dijo que conectaban a la perfección, que hacía mucho tiempo, que no se sentía tan viva y feliz, así que debíamos respetar su decisión. Es cierto que su cambio fue bueno, se la veía cada vez más contenta, pero nosotros no dejábamos de desconfiar de la situación.
Poco a poco nos dejó de ir contando cosas sobre él, y supimos que él se había instalado en casa. Hicimos una comida familiar en la que él nos trató muy bien, y se ganó un poco nuestra confianza a pesar de seguir recelosos con la relación de ambos.
Y de repente, la noticia: un día, durante una de estas comidas familiares, nos dijeron que se habían casado. Fueron a los juzgados y firmaron los papeles, tenían claro que si le pasaba algo a alguno de los dos, el otro quería estar ahí incondicionalmente. Nuestras caras no pudieron disimular la sorpresa a pesar de intentar alegrarnos por nuestra madre. Al irnos, mis hermanos y yo estuvimos hablando del tema y todos pensamos que este señor lo que quiere es quedarse el piso de mi madre si a ella le pasa algo.
Me da pena que no nos dijera nada antes de casarse, me da pena que pensase que la íbamos a juzgar y no haber podido ser más efusiva cuando nos dio la noticia, pero la verdad es que este matrimonio me huele muy mal. Me gustaría leeros a ver desde fuera qué pensáis.
