REPRODUCIMOS TESTIMONIO DE UNA SEGUIDORA ENVIADO A [email protected]
Mi mejor amiga ha tomado muy malas decisiones en su vida.
Se juntó con un impresentable que no le gustaba a nadie, pero según ella “la trataba bien”. Tuvo conflicto con sus padres, que no aceptaban a su nuevo novio, porque parecía que no era de fiar, y se acabó alejando de su familia y apoyándose mucho en nosotros, sus amistades, que tampoco estábamos muy contentos con ese fichaje.
Pero bueno, al final la vida es de cada una y la vive como quiere, así que, por mi parte, nunca me quise meter mucho. Di mi opinión cuando me la pidieron, la apoyé y esperé el día en que estaba segura que todo petaría. Lo más importante era estar por ella e intentar que fuera feliz, es una de las personas más importantes de mi vida.
Y entonces nos anunció su embarazo. Fue un mazazo, porque como os digo, él es un impresentable, vive del marroneo y exceptuando a ella, no tiene absolutamente nada estable en su vida. Tampoco estaban bien en la relación, así que pensamos que iba a abortar. Pero no.
Ella siempre había querido ser madre y le pareció que aquello era una señal, así que siguió adelante con todo y tuvo una hija sana y preciosa, de la que él no se hizo cargo desde el primer momento.
Hubo temporadas en las que “rompían” y ella se iba a vivir un tiempo a casa de sus padres. Aseguraba siempre que sería la última vez que le daba una oportunidad, pero luego siempre volvían y el ciclo se volvía a repetir. Ella insistía en que lo hacía por su hija, para que tuviera un padre.
En menos de medio año, se volvió a quedar embarazada, y para sorpresa de todas, decidió tenerlo. Aquí sí que hubo varias intervenciones, tanto de nosotras, como de su familia, para que pensase bien en lo que estaba haciendo. Ya no por ella, sino por su hija y por el segundo hijo en camino, porque si con un solo hijo ya estaba viviendo tantas dificultades, si añadíamos un segundo a la ecuación, todo iba a ser peor.
Nada le hizo cambiar de opinión, ella decía que su bebé no tenía la culpa de nada y que ella lo sacaría adelante, así que tuvo otra niña, que también vino sana.
Él siguió en su línea, más egoísta que nunca. Ella acabó agotada, arruinada y muy enfadada, por suerte se armó de valor y le dejó, yéndose a casa de sus padres hasta que se recuperase.
Él renunció a la custodia y firmó todo para encargarse únicamente de la pensión. Se mudó de cuidad y siguió con su vida, dejándola a ella a cargo de las niñas.
Todas arrimamos el hombro, la ayudábamos con las peques, le hacíamos la compra y la visitábamos a menudo. Intentábamos que tuviese tiempo libre para ella, y en una de esas, se fue a que le echasen el tarot y a que le hicieran lo del péndulo.
Yo no había oído hablar de ello hasta ese momento. Al parecer, con un péndulo en la palma de tu mano, te pueden decir los hijos que tendrás y en qué orden.
Evidentemente no hay base científica detrás de esto, es más como un remedio de la abuela que funciona con energías. La cuestión, es que le salió que tendría niña, niña y niño.
Ella volvió contándonos esto y al principio se reía, pero luego empezó a repetirlo cada vez más y a plantearse si debería haber seguido con su expareja, porque quizás su destino era tener otro niño.
Nosotras le intentábamos hacer ver la situación en la que estaba, las deudas, la despreocupación y el abandono de él, la ayuda que necesitaba para sacar a dos niñas adelante, y sobre todo, como había estado ella psicológicamente, como para plantearse tener un tercer hijo y encima con su ex.
Ella le quitaba importancia y decía que solo era una idea que le recorría la mente.
Pasó el tiempo y un poco más de un año después, nos anunció que volvía a estar embarazada.
No entendíamos nada, de verdad que fue hasta decepcionante, nos entró ganas a todas de tirar la toalla. Además, no estaba saliendo con nadie, le preguntamos si era de su ex, y nos dijo que no.
Había estado saliendo de fiesta con un grupo de amistades y teniendo relaciones con uno de ellos. Al parecer, nunca había usado preservativo, porque “si tiene que venir, que venga”, y el hecho de haberse quedado embarazada, lo veía como una señal de que debía tenerlo y de que el péndulo tenía razón.
Cuando nos volvió a nombrar el péndulo, vimos claramente que era el motivo principal por el que quería seguir adelante con la locura de su tercer embarazo. Digo locura, porque mientras ella salía de fiesta, eran sus padres los que estaban a cargo de las niñas, y nosotras teníamos nuestra agenda organizada para ayudarla a ella con su día a día. Por no hablar de las deudas que ya tenía y que estaban apretando también a sus padres.
Meter a un tercer hijo en esta historia, era impensable, ridículo, y más aun siendo de un casi desconocido. Pero ella siguió adelante.
Para colmo, el bebé resultó ser niño, así que estuvo todo el embarazo “demostrándonos” que el péndulo tenía razón y que ella debía tenerlo.
Hace unos meses nació el bebé y la situación está cada vez más complicada. Se ha tensado mucho la relación entre nosotras y ella, y nos estamos planteando dejar de organizar nuestra vida alrededor de lo que ella necesita, aunque eso suponga dejarla tirada.
Sentimos que se ha (y nos ha) complicado la vida por un presagio ridículo, que lo único que ha causado es más deudas, más malestar, peor calidad de vida y responsabilizar más a su entorno.
No sé como acabará la situación, pero ella sigue convencida de que era su destino.
