Hola chicas, me animo a escribir al fin tras un tiempo observando la variedad de temas que hay en el foro y sintiendo que aquí nadie me tachará de bicho raro.
Os cuento:
Me considero una mujer muy empoderada en el sexo. Sé lo que me gusta, no tengo complejos conmigo ni con mi cuerpo, me gusta probar de todo, y me siento libre así. Desde mi adolescencia (tengo 29 ahora) recuerdo que empecé a masturbarme y a consumir pornografía (aunque categorías muy concretas, no soy muy fan del porno mainstream.) y a tener relaciones a los 17. El problema es el siguiente, y no sé si estará relacionado.
Desde siempre, me ha gustado hacer felaciones. El sexo oral me parece una de las cosas más morbosas y placenteras que se puede hacer con una persona, y creo que se me da bien. También soy muy fan de ver un pene eyaculando. No puedo explicarlo, pero me encanta ver un pene cuando llega al orgasmo y saber que ha sido gracias a mí, y la eyaculación en sí me excita, siento que he ‘vacíado’ a mi hombre, algo así. Y aquí es donde viene el tema de discusión con mi novio. Me gusta que se me corran encima, en la cara, pechos, etc. Y me gusta el semen, me gusta su sabor, su textura (según la persona) y me pone mucho el hecho de hacer una mamada ‘dirty’ y que acaben en mi boca.

Pues bien, llevo 9 meses con mi novio, hemos hablado de todo y hay confianza, pero en el tema sexual creo que él es algo más cortado. Me dice que no se siente cómodo con mi afición por su corrida, que no quiere correrse encima de mi, que él es más ‘tradicional’ y que esas cosas le parecen una exageración, que eso es culpa del porno, y que soy un poco rara porque las chicas con las que ha estado (que me consta no demasiadas) no solían pedirle esas cosas.
Estoy un poco perdida y a veces incluso me siento mal, ¿soy rara? ¿estoy demasiado influida por el porno? ¿me pasa solo a mí? ¿creéis que mi novio es un mojigato (como le digo a veces para picarle) y ya está?
Gracias de antemano y os pido comprensión chicas, igual es un tema algo tabú pero necesito hablar de ello.