Yo soy de un pueblo pequeño de Castilla y León y mi novio es de Madrid de toda la vida, sus padres y abuelos también, vamos, que es gato gato. Lo más cerca que había visto un pueblo antes de conocerme había sido en los capítulos de «Cuéntame» en los que aparece Sagrillas…
El caso es que él no sabe lo que es un pueblo, ni lo que son las dinámicas de amistad que se suelen tener en ellos. No tiene nada que ver con las que él ha tenido con sus amigos del barrio. Las amistades de pueblo (al menos las que yo conozco) tienen dinámicas especiales que seguramente desde fuera no se entienden. Lo que más escama a mi chico es que estemos medio año sin hablarnos ni preguntarnos qué tal y cuando nos vemos en verano y navidades en el pueblo seamos los más amigos del universo. Simplemente no lo entiende.
Por otro lado, en el caso de mi grupo de amigos, y creo que esto sucede en muchas ocasiones, los amigos del pueblo son amigos de toda la vida, y cuando digo toda la vida lo digo de manera literal: nos conocemos desde que teníamos 2 años y seguimos. Son amistades muy intensas, que se forjan durante la infancia y que, con el paso de los años y las vicisitudes de la vida de cada quien, se mantienen por ese vínculo, pero no por vínculos de amistad adultas. Me explico, yo adoro a mis amigos del pueblo pero soy consciente de que si nos hubiéramos conocido de adultos, cada uno con su camino vital medio enderezado, no habríamos sido amigos. Porque no tenemos nada que ver más allá de ese vínculo de toda la vida (que ojo, a mí me parece mucho).
Ahora que somos adultos y empezamos a tener hijos propios estamos «madurando» y empezando a intentar vernos fuera del pueblo, más allá de los 15 días de rigor veraniegos, para fomentar más nuestro vínculo y el de los peques. Así que hemos empezado a organizar un viaje al año. Estamos encantados, pero como dirían en los comics de Astérix y Obélix: «¿todos?…¡No!» Mi chico no lo está.
A él no le caen especialmente bien. Está a gusto y se adapta los días de verano, pero ya más y fuera del pueblo…protesta.
Esta es la tercera vez que nos vamos de viaje y, después de protestar bastante, al final ha terminado por suplicarme que le deje no ir porque va a coincidir con la final de la Champions (o alguna copa similar, me pierdo…) y la quiere ver con su grupo de amigos con los que juega al fútbol y están locos con el tema. Yo le he dicho que esto es una vez al año, que es especial, que también viene gente que quiere ver la final…no hay manera.
Me jode que no quiera venir a un plan por ver el fútbol, es algo que yo nunca he podido entender y que nos ha acarreado más problemas. Pero estoy segura, segurísima, de que en este caso no es por la final, sino que es porque le da pereza compartir tiempo con mis amigos. Lo cual es, sin duda, muchísimo peor y no sé cómo tomármelo.
