He estado con cinco chicos, que no son muchos, pero he tenido para comparar. El caso es que cuando conocí a mi pareja y nos acostamos, me llevé una “sorpresa” decepcionante al ver el tamaño de su pene, pero me dije a mí misma: es un buen tío, no seas así, seguro que sabe utilizarla bien. Y sí, no fue mal, supo darme placer y además es muy bueno con el sexo oral y está abierto a muchas fantasías y juguetes, por lo que placer si me da, pero desde luego no es gracias al tamaño su pene.
El caso es que siempre que estamos reunidos con más gente, termina haciendo algún comentario sobre el increíble tamaño de su pene y lo feliz que me hace. Os prometo que cada vez me cuesta más disimular y cualquier día me van a pillar. Me hago la tonta, me río y me escaqueo al baño, pero es que no entiendo porque dice eso, no hay necesidad.
El otro día, al volver de una barbacoa de fin de semana, donde estuvo hablando sin parar del tamaño de su trabuco, le dije que no me gustaba que hiciera eso y que no había necesidad, que no tenía porque alardear ni acomplejarse de nada.
Lo hice desde el cariño para que viera que a mí no me importa, pero es que lo más flipante es que él me dijo: hombre, joder, si lo tengo pues habrá que presumir ¿no? Y añadió: ¡lo que no sé por qué no presumes tú del tamaño que tengo porque es para hacerlo desde luego!
Me quedé sin palabras, y desde entonces le estoy dando vueltas y no sé si debería dejar que siguiera pensando que va a entrar en el récord Guinness o decirle la verdad para que no siga alardeando, por si algún día alguien descubre la verdad y se convierte en el centro de las risas.
