Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
Hace una semana que murió mi perro, llevaba conmigo más de quince años. Después de una enfermedad contra la que luchamos con todas nuestras fuerzas, nos dejó. Fue uno de los momentos más duros de mi vida y sigue siéndolo ahora. Mi perrito, mi fiel compañero, parte de mi familia, se ha ido para no volver. Desde entonces, me levanto cada día llorando y me doy cuenta de que no está en casa. Sé que tener una mascota es eso, sé que un día nos dejan para dejarnos también un enorme vacío; sabía que dolería, pero no sabía que dolería tanto, al final, hasta que no te despides de tu ser querido peludo para siempre, no sabes cómo vas a sentirte cuando ya no esté.
Mi pareja también está muy afectado por la situación, llevaba junto a mi perro más de diez años y para él también era parte de su familia. Lo quería tanto como yo y tampoco lo está pasando nada bien. Pensaba que sentía igual que yo que ese dolor tan fuerte tenemos que superarlo a base de tiempo.
Pero ayer se presentó en casa con una sorpresa: un cachorro precioso. Fue a adoptarlo pensando que me haría mucha ilusión, que dejaría de sentir tristeza, pero ha producido en mí el efecto contrario. No es que no quiera a ese cachorro ni que no tenga ganas de tenerlo en casa, pero yo necesito pasar mi duelo. Siento que estoy cambiando a una mascota por otra, de un día para otro, y siento que no estoy preparada. Por más ternura que me despierte el perrito, no es mi perro, mi perro no volverá. Y siento que mi pareja me ha fallado. No ha contado conmigo antes de tomar esta decisión, ha presupuesto que a mí me haría feliz, que dejaría de echar de menos a mi perro por arte de magia, solo por tener otro. Y estoy enfadada, estoy enfadada con él porque creo que él no siente lo mismo que yo por un ser vivo que era parte de nuestra familia sin dejar tiempo para el dolor metiendo en casa otro animal y así de un día para otro, olvidar al que era nuestro compañero de vida.
Igual que nunca he entendido que alguien pueda dejar a una pareja y de repente tener otra sin pasar el duelo, sin sentir esa pérdida, como si de un cambio de cromos se tratara, tampoco concibo perder a mi mascota y de repente querer a otra. Me parece una forma fría de enfrentar el sufrimiento e incluso parece como si mi pareja careciera de sentimientos. Sé que cada uno pasa los duelos como puede, o como sabe, pero creo que para sanar de verdad y volver a querer a otra mascota, primero tengo que aceptar que la mía ya no volverá, pasar el dolor, y luego podré estar abierta para volver a querer a otro animal.
Ahora no sé qué hacer con el perrito. No le puedo decir que no lo quiero en casa, pero ahora mismo es cierto que no lo quiero. Evidentemente, no vamos a devolverlo, pero es que no es mi perro, es un perro desconocido al que ahora mismo aún no le tengo ningún cariño. Mi pareja no entiende que no me haya hecho ilusión y me dice que es una forma de que la pérdida del nuestro no nos duela tanto o, al menos, no nos duela de la misma manera. El perrito es gracioso, juguetón y cariñoso, pero ahora requiere de nuestra energía para enseñarle y yo no tengo ni energía ni ganas de tenerla. Por otro lado, pienso que a lo mejor estoy demasiado cerrada y que debería alegrarme por la bienvenida de otro miembro peludo a nuestra familia.
¿Creéis que uno debe pasar el duelo por la muerte de su mascota antes de adoptar a otra o que, por el contrario, adoptar a otra es una forma de no pasarlo tan mal? Sea como sea, yo necesitaba hacer mi duelo, pasar mi tristeza y dejar pasar tiempo antes de volver a adoptar a otro animal, ahora mismo no estoy preparada para ello ni tengo ningunas ganas de abrir mi corazón a ningún otro perro.
