Reproducimnos un testimonio que nos llega a [email protected]
Mi pareja no es de limpiar mucho. Esto ya lo tengo asumido aunque me cabrea.
Pero hay algo que me pone todavía peor: cuando vienen visitas limpia como si fuera candidato a mayordomo del año. De repente ve el polvo. De repente sabe pasar la aspiradora. De repente la encimera le parece sucia. De repente recoge zapatos, limpia espejos, pone cojines bien y hasta pregunta si hay que comprar flores.
Porque claro poder puede. Saber sabe. Verlo lo ve. Lo que pasa es que cuando estamos nosotros solos no le importa vivir en modo almacén abandonado. Pero si viene gente entonces sí. Entonces hay que parecer una casa decente.
El otro día venían unos amigos suyos y se puso a limpiar el baño a fondo. Ese baño que yo llevo limpiando meses mientras él decía que tampoco estaba tan mal. Le dije que me daba rabia y me contestó que yo siempre busco pelea que encima que limpia me quejo.
Pero es que no me quejo de que limpie. Me quejo de que limpie para los demás y no para mí. Me quejo de que su estándar doméstico aparezca solo cuando hay público.
Es como si mi cansancio no le diera vergüenza pero una visita sí.
¿Os pasa? Porque de verdad prefiero que sea un desastre coherente a que me demuestre cada vez que viene alguien que tonto no es.
