De verdad que no puedo entender el peloteo que le tiene todo el mundo a mi suegra. Cuando empecé a salir con mi chico, me hablaba de las maravillosas comidas que prepara su madre y yo la verdad es que me lo creí. A medida que nuestra relación fue avanzando primero me la presentó, y después ella nos invitó a su casa a comer para conocernos un poco más. ¡Por fin, había llegado el día de probar esos deliciosos manjares!
Casi me da algo, aparte de que todo estaba malo de sabor, era fritanga pura, que yo no sé cómo esta gente no le ha pegado ya un ataque al corazón.
Me quedé pensando que quizá había tenido un mal día, pero todo el mundo le alababa lo bueno que estaba, sus hijos, sus nueras y sus nietos.
Desde entonces he ido en más de 20 ocasiones a comer y a cual peor, pero lo que no puedo entender es como le doran la píldora como si fuera la mejor cocinera del mundo.
