Nuestro bebé nació hace casi dos meses y mi suegra apenas pasó un día por el hospital para conocerlo y desde entonces nos pone excusas cada vez que queremos llevárselo para que lo vea o la invitamos a casa a que venga. Nos extrañó muchísimo su reacción porque es una mujer que se desvive por sus nietos, y con los de su hija, pasa mucho rato con ellos desde que nacieron.
Mi marido, dolido, ha ido a hablar con ella y le ha dicho que no puede evitarlo, que ese nieto no es suyo porque lo hicimos con un donante, ya que mi marido tenía problemas en la calidad de su semen.
Durante el embarazo no notamos nada extraño en ella y dice que es porque tenía la esperanza de que al nacer no le recordara su carita que no tenía nada de su sangre, pero que lo ha visto y el niño no se parece absolutamente nada su padre (a pesar de que el donante tiene características similares) y dice que eso le recuerda constantemente que mi marido no es su verdadero padre.
Es una señora mayor y chapada a la antigua, pero no me esperaba algo así de ella. Mi marido está dolido y cabreado y dice que o cambia de actitud o nos pierde a todos para siempre.
A mí, como madre, el desplante que le ha hecho mi hijo, ya me duele lo suficiente como para no volver a dirigirle la palabra, pero apoyaré a mi marido en la decisión que tome.
